Medellín (Colombia), septiembre 29 de 2026. Convertir la biodiversidad de Colombia en una fuente de empleo y desarrollo exige que la inversión llegue a los territorios y que las comunidades participen en las soluciones. En torno a este desafío, WRI Colombia, la Iniciativa P4G y la Embajada del Reino Unido en Colombia organizaron este 29 de septiembre el diálogo “Financiar la transformación económica de Colombia: inversión, innovación y alianzas para una economía competitiva y resiliente”, en el marco del Medellín Climate Week 2026.

Este espacio, que se realizó en Ruta N, contó con la participación de Fabio Arjona, ministro de Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible; Fernando Páez, director ejecutivo de WRI Colombia; Louise de Sousa, embajadora del Reino Unido en Colombia; Dag Nagoda, embajador de Noruega en Colombia; y Julio Galindo, gerente senior de inversiones de P4G. El diálogo fue moderado por Jimena Puyana, gerente de ambiente y desarrollo sostenible en Colombia del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

En la apertura de esta conversación, Arjona planteó la necesidad de establecer reglas claras y criterios de calidad para fortalecer el mercado de carbono en el país, con seguimiento a los proyectos y con una distribución de beneficios que llegue a las comunidades. De igual manera, recalcó que para impulsar la bioeconomía se requiere revisar barreras que dificultan el aprovechamiento sostenible de productos de la naturaleza, e invitó a llevar la discusión sobre financiamiento y regulación a soluciones prácticas para los territorios.

“Este diálogo confirmó que la bioeconomía, agua, biodiversidad y comunidades, temas establecidos dentro del programa de gobierno y que se van a reforzar en el Plan Nacional de Desarrollo con apoyo de los asistentes, es la vía para alcanzar la sostenibilidad”, sostuvo el ministro de Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible.

De la riqueza natural a proyectos con beneficios en los territorios y sus comunidades

A lo largo del desarrollo del panel, los aportes y recomendaciones de los participantes convergieron en que contar con biodiversidad y recursos financieros no basta si faltan capacidades para convertir ese potencial en iniciativas sostenibles. 

El director ejecutivo de WRI Colombia, Fernando Páez, recordó como ejemplo el trabajo del Instituto en Caquetá el cual examina toda la cadena de valor de un producto de la bioeconomía, desde su producción y transformación hasta la tecnología y las condiciones necesarias para llevarlo al mercado. “Dinamizar la economía no es solo poner la inversión, sino todo lo que sucede alrededor: capacidades, ciencia, tecnología y un desarrollo que genere beneficios para las comunidades y sus territorios”, sostuvo. Agregó que el turismo sostenible y la movilidad limpia también pueden generar empleo, siempre que se invierta en infraestructura, conocimiento y formación. 

Por su parte, Galindo coincidió en la importancia de preparar de una mejor manera los proyectos. Desde la experiencia de P4G, explicó que un emprendimiento debe poder mostrar quién compra su producto, cómo obtiene ingresos y qué impactos y riesgos tiene antes de atraer inversiones mayores. Indicó que P4G ha apoyado a más de 63 emprendimientos en el mundo y que 12 participan en la segunda fase del programa en Colombia.

La participación de las comunidades fue otro punto de encuentro. Nagoda sostuvo que la importancia de que estas intervengan como socias en el diseño de las soluciones, especialmente en territorios donde la presencia estatal es limitada. Así mismo, De Sousa destacó la necesidad de ampliar el acceso al financiamiento para pequeños productores y emprendedores. En conjunto, las intervenciones apuntaron a conectar asistencia técnica, mercados e inversión con las capacidades y necesidades locales.

Sobre este desafío, Páez presentó la labor que se realiza con CHAMP, una iniciativa que articula la acción climática nacional con las prioridades de ciudades y regiones. Al respecto, explicó que se han identificado territorios que conocen sus necesidades, pero requieren apoyo para convertirlas en proyectos capaces de acceder a financiación. “No hay una única solución de financiamiento, sino que esa solución se construye considerando los contextos”, dijo. En esa línea, planteó que el Plan Nacional de Desarrollo 2026-2030 debe ayudar a llevar la inversión a los territorios.

Una agenda para construir el Plan Nacional de Desarrollo 2026 – 2030

Al mirar hacia el futuro, Páez propuso que el Plan Nacional de Desarrollo ayude a conectar las necesidades de ciudades y regiones con fuentes de financiamiento. Así como a través de CHAMP se ha demostrado que se requiere apoyo en la formulación de proyectos a nivel territorial, recalcó la necesidad de mejorar la información sobre cuánto se invierte, a dónde llega el dinero y qué resultados produce. Desde la Iniciativa 20x20, por otra parte, resaltó que la restauración puede vincularse con oportunidades productivas y beneficios para las comunidades.

De Sousa recalcó la relevancia de reconocer a la naturaleza como parte de la base económica del país, y de incorporar los riesgos climáticos y de pérdida de biodiversidad en la planificación fiscal y la inversión pública. Para dimensionar esa relación, señaló que casi la mitad del PIB colombiano proviene de sectores que dependen de los servicios ecosistémicos y que 20 millones de empleos están vinculados a actividades dependientes de la naturaleza. Ofreció, además, la experiencia del Reino Unido para fortalecer las capacidades institucionales en esta materia.

Por su parte, Nagoda recomendó ampliar experiencias que ya han dado resultados, fortalecer las instituciones y crear incentivos económicos de largo plazo. Insistió en que verificar los resultados de las inversiones genera confianza y puede abrir nuevas fuentes de financiamiento. Y por último, Galindo propuso combinar asistencia técnica con capital paciente y financiamiento combinado para que más emprendimientos climáticos estén preparados para crecer y atraer inversión.

El cierre del encuentro retomó estas prioridades: reconocer la biodiversidad como un activo estratégico, integrar el riesgo y la adaptación en la planificación, y conectar las capacidades de los territorios con los instrumentos existentes. Los aliados expresaron su disposición a aportar a la construcción del Plan Nacional de Desarrollo 2026 – 2030.

Más sobre este tema:
Financiamiento Acción climática