• Cerca de 80 representantes de gobiernos, sociedad civil, academia, empresas y Bosques Modelo de 15 países de América Latina y el Caribe analizaron las condiciones necesarias para llevar la restauración de compromisos y proyectos aislados a procesos sostenibles en los territorios.
  • Políticas coherentes, gobernanza territorial, inclusión, capacidades técnicas, financiamiento y monitoreo fueron identificados como elementos que deben funcionar de manera articulada para acelerar la restauración.

Lima (Perú), 9 de octubre de 2026. Restaurar un paisaje requiere mucho más que recuperar áreas degradadas. Implica también evitar que continúen las causas de la degradación, conectar las políticas nacionales con las decisiones territoriales, fortalecer la gobernanza, reconocer distintas formas de conocimiento y movilizar recursos que puedan sostener estos procesos en el tiempo.

El Foro internacional “¿Qué hace posible restaurar un paisaje? Políticas, gobernanza inclusiva, financiamiento e innovación en América Latina”, realizado en Lima (Perú) gracias al proyecto Forest Landscape Restoration Hub (FLR Hub). Cerca de 80 personas participaron en una jornada de intercambio que reunió instituciones públicas, organizaciones de la sociedad civil, empresas, academia y representantes de Bosques Modelo de 15 países de América Latina y el Caribe. 

“El verdadero desafío no es solo saber qué debemos hacer en torno a la restauración, sino ponernos de acuerdo en cómo lo hacemos juntos”, sostuvo Alejandra Laina, directora del programa de Alimentos, Suelo y Agua de WRI Colombia, y también de la Iniciativa 20x20. Reiteró además la necesidad de pasar del diálogo a los acuerdos, de conectar las agendas nacionales con las experiencias territoriales y la urgencia de construir alianzas para la implementación de las acciones de restauración en los territorios.

Alejandra Laina, directora I20x20

Por su parte, Roger Villalobos, presidente de la Red Latinoamericana de Bosques Modelo y coordinador académico de la maestría en manejo y conservación de bosques tropicales y biodiversidad del Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza (CATIE), recordó que “la restauración es siempre y necesariamente un proceso de largo y muy largo plazo, siendo así un proceso intergeneracional”. Esa visión fue transversal en los diferentes diálogos que se sostuvieron durante la jornada: la restauración debe trascender la duración de un proyecto o de un gobierno y convertirse en un proceso sostenido por instituciones y actores territoriales. 

Políticas y gobernanza: pasar de los compromisos a decisiones que perduran

En su presentación de apertura del foro, Laina planteó además que “América Latina tiene ambición; el desafío es convertirla en escala”. La región cuenta ya con compromisos, planes y recursos pero persiste una fragmentación institucional, las capacidades locales son limitadas, se evidencian dificultades para hacer llegar los recursos a los territorios y son pocos proyectos suficientemente preparados para recibir inversión. 

Para enfrentar esas brechas, propuso entender escalamiento como una transformación del sistema, para dejar así atrás la perspectiva limitada a la suma de hectáreas o a la repetición de proyectos. En este sentido, identificó seis condiciones habilitantes que deben operar conjuntamente: política e institucionalidad, para asegurar coherencia y continuidad; gobernanza territorial, basada en participación, legitimidad y acuerdos; sociedad y cultura, para promover apropiación, inclusión y beneficios justos; capacidad técnica, sustentada en datos, asistencia y aprendizaje; economía y finanzas, que permitan preparar iniciativas y acceder a capital; y por último, monitoreo e integridad que contemplen indicadores, salvaguardas y transparencia. 

Foro internacional Qué hace posible restaurar un paisaje

El foro enfocó sus diálogos en cuatro frentes de trabajo. El primero de ellos, la coherencia política, profundizó en cómo unir sectores, niveles de gobierno, compromisos y metas. Al respecto, Carolina Gallo, consultora en restauración forestal e inclusión social de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), destacó que la coherencia no significa simplemente disponer de diferentes políticas, sino lograr que las leyes, instituciones e incentivos funcionen conjuntamente en la práctica, articulando actores, sectores y niveles gobierno (local, regional y nacional), llevando este factor más allá de los ciclos políticos. 

La gobernanza inclusiva multinivel, como segundo bloque de trabajo, permitió resaltar, a través de la experiencia de los Bosques Modelo, que los bienes comunes como el agua pueden convertirse en ejes articuladores de acuerdos entre gobiernos, comunidades y sectores productivos. Al mismo tiempo, se destacó cómo la conservación se fortalece cuando los bosques se comprenden como parte de los medios de vida y de la identidad de las comunidades, y que la participación de las juventudes requiere oportunidades reales de educación, empleo, liderazgo y bienestar, no únicamente espacios de representación. 

Así, es posible definir a la gobernanza como una infraestructura social e institucional que permite acordar prioridades, gestionar conflictos y sostener los procesos cuando cambian proyectos, administraciones o condiciones económicas. Es decir, no es un componente accesorio en el marco de la restauración de paisajes.
Conocimiento, cultura y financiamiento: condiciones para que la restauración se sostenga.

Foro internacional Qué hace posible restaurar un paisaje

Sumado a la coherencia política y a la gobernanza, los diálogos destacaron el papel del conocimiento, cultura, artes y comunicación. En este tercer bloque, se elevó un llamado para revisar cómo se define la validez de un conocimiento determinado, y cómo este se puede incorporar en las decisiones. Al respecto, la inclusión no consiste únicamente en invitar a mujeres, jóvenes o pueblos indígenas a participar. Su participación se define al establecer mecanismos para que sus conocimientos puedan incidir efectivamente en el diseño de los proyectos y en la toma de decisiones. 

Complementariamente, la restauración de paisajes se alimenta también de la ciencia y del territorio al integrar conocimientos ancestrales sin subordinarlos a los sistemas científicos tradicionales y al fortalecer la educación desde edades tempranas.

“Es necesario realizar un cambio de chip” en la manera de construir políticas, conversar, gestionar conocimiento y buscar recursos para la restauración, concluyó Natalia Ruiz, analista de investigación de WRI, coordinadora nacional en Perú del Proyecto FLR Hub y vicepresidenta de la Red Latinoamericana de Bosques Modelo. Al respecto, señaló que los bosques modelo pueden funcionar como laboratorios en donde los compromisos globales adquieren sentido en realidades territoriales concretas. 

Por último, al dialogar sobre financiamiento público y privado se evidenció que no es suficiente dialogar sobre cuánto dinero se necesita. Lo relevante es conocer aquellas condiciones que permiten que ese financiamiento sea posible, y que se combine y permanezca en los paisajes. Para los panelistas, si bien las inversiones en activos (como infraestructura, sistemas productivos o acciones directas de restauración) son primordiales, también es fundamental invertir en las condiciones habilitantes como gobernanza, planificación, monitoreo y capacidades, las cuales suelen ser menos visibles (e incluso sujeto a recorte presupuestal) pero que resultan esenciales para atraer inversiones posteriores. 

La articulación entre inversión pública y privada, la definición de prioridades territoriales y la creación de incentivos para productores son oportunidades para aumentar el impacto y la sostenibilidad a mediano y largo plazo. Al respecto, un estudio presentado durante el Foro permitió evidenciar que el presupuesto destinado para la restauración de paisajes suele ser menos de la mitad del requerido para sostener sus estructuras mínimas de coordinación. Cuando la gobernanza en estos proyectos no se financia, la participación, continuidad, sistemas de información y la duplicidad de esfuerzos surgen como riesgos y amenazas que afectan de manera negativa el impacto en los territorios. 

Restaurar requiere trabajar con las comunidades, no solo por ellas o para ellas. Y para ello, el Foro mostró que se requiere un componente fundamental que varias veces se olvida: el realismo en el territorio. Y esto no es más que el reconocer fortalezas y brechas, detener las causas de la degradación mientras se recuperan los paisajes, y construir condiciones que permanezcan generación tras otra. 

Foro internacional “¿Qué hace posible restaurar un paisaje?
Cerca de 80 representantes de gobiernos, sociedad civil, academia, empresas y Bosques Modelo de 15 países de América Latina y el Caribe analizaron las condiciones necesarias para llevar la restauración de compromisos y proyectos aislados a procesos sostenibles en los territorios.

El FLR Hub Perú busca fortalecer las condiciones habilitantes para la restauración del paisaje forestal en el país y contribuir al cumplimiento de metas nacionales en clima, biodiversidad y desarrollo. El proyecto hace parte de una iniciativa global que también se implementa en Brasil, Colombia, Uganda, Madagascar y Tanzania, con la meta de restaurar cerca de 200.000 hectáreas degradadas y contribuir a la captura de 500.000 toneladas de carbono. En Perú, el proyecto se realizará entre los años 2026 y 2030 priorizando acciones en Madre de Dios y San Martín.

La Iniciativa Internacional sobre el Clima - IKI - del Ministerio Federal de Medio Ambiente, Conservación de la Naturaleza, Seguridad Nuclear y Protección de los Consumidores de Alemania, es el organismo donante de este proyecto, y es liderado por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), con apoyo del World Resources Institute (WRI) y World Wildlife Fund (WWF).

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