Los instrumentos oficiales de evaluación de vulnerabilidad climática operan, generalmente, a escala de ciudad o municipio, lo que limita su capacidad para reconocer las diferencias que existen entre distintas zonas de una misma ciudad. Entre octubre de 2022 y diciembre de 2024, el Instituto Wuppertal y WRI México implementaron Ecozonas, con financiamiento de la Iniciativa Climática Internacional (IKI) del gobierno alemán: una metodología participativa de evaluación comunitaria de vulnerabilidad climática a escala barrial. A partir del análisis de los aprendizajes, retos y oportunidades identificados durante esa experiencia, la metodología fue revisada y reformulada para hacerla más clara, práctica y adaptable a distintos contextos, y para fortalecer su capacidad de orientar la identificación de vulnerabilidades y soluciones junto con las comunidades. Para sustentar esta reformulación, la experiencia de implementación de Ecozonas se contrastó con otros marcos de evaluación de vulnerabilidad climática. Este análisis permitió identificar qué retos respondían a características particulares del proyecto y cuáles reflejaban tensiones metodológicas recurrentes en este tipo de procesos.

Adaptación a escala barrial: lecciones para fortalecer la evaluación comunitaria de vulnerabilidad climática
Adaptación a escala barrial: lecciones para fortalecer la evaluación comunitaria de vulnerabilidad climática

Los impactos del cambio climático varían entre barrios según sus condiciones sociales, territoriales y de infraestructura. Frente a las limitaciones de las evaluaciones a escalas urbanas agregadas, el Instituto Wuppertal y WRI México desarrollaron Ecozonas, una metodología participativa para identificar vulnerabilidades y priorizar soluciones locales. A partir de sus aprendizajes, se propone una versión más sencilla, flexible y replicable para fortalecer procesos a escala barrial.

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Implementación en dos pilotos


Ecozonas se implementó en dos colonias con vulnerabilidad socioeconómica y ambiental: Jardines de San Miguel, en León, Guanajuato, y La Metalera, en Hermosillo, Sonora. En ambas ciudades participaron desde el inicio los institutos municipales de planeación, que acompañaron el proceso y aportaron donaciones en especie para las soluciones construidas posteriormente. Dos organizaciones locales —Bek' Consultoría en León y Hermosillo ¿Cómo Vamos?— facilitaron el vínculo con la comunidad y los talleres, mientras que Codeando México desarrolló las herramientas digitales del proyecto.


El proceso se organizó en siete talleres presenciales: introducción metodológica y rueda de percepción; encuesta de diagnóstico; mapeo participativo; priorización de soluciones; diseño colaborativo; validación; y selección de acciones de mediano y largo plazo con esbozo de plan de acción barrial.


La metodología se estructuró en cuatro dimensiones de análisis —entorno urbano, calidad ambiental, bienestar socioeconómico y riesgo de desastres—, desagregadas en 21 categorías y 44 subcategorías. La encuesta de diagnóstico, aplicada mediante una aplicación móvil conectada a KoboToolBox, contenía 60 preguntas principales que se ramificaban en 184 preguntas adicionales. El mapeo comunitario incluyó 29 tipos de elementos territoriales. El proceso generaba un reporte automático que cruzaba los resultados de la encuesta con un catálogo de más de 160 fichas de Soluciones Urbanas Sostenibles (SUS).


Proceso de análisis de la metodología


WRI México revisó la experiencia mediante dos componentes: un análisis comparativo con 11 metodologías internacionales de evaluación comunitaria de vulnerabilidad climática —incluyendo los marcos BUES, UCRA, PRMP, VCA y P3DM, a partir de 51 estudios académicos—, y un análisis cualitativo de entrevistas semiestructuradas con 20 personas: implementadores de los pilotos, participantes comunitarios y especialistas externos en gobernanza y planeación comunitaria. Adicionalmente, se analizaron cuantitativamente 163 encuestas de diagnóstico barrial recolectadas entre abril de 2024 y mayo de 2025.


Cuatro tensiones que atraviesan las evaluaciones comunitarias


La revisión comparativa de 11 marcos de evaluación comunitaria de vulnerabilidad climática mostró que muchos enfoques enfrentan dilemas similares al buscar combinar rigor técnico, participación y aplicabilidad. La experiencia de Ecozonas permitió observar cuatro de esas tensiones y cómo se expresan en la práctica.


Tensión entre profundidad diagnóstica y usabilidad

Los marcos más exhaustivos ofrecen mayor precisión y comparabilidad,  pero también aumentan la carga sobre quien responde; los enfoques deliberativos favorecen la apropiación comunitaria, aunque con menor estandarización. En Ecozonas, esta tensión se reflejó en instrumentos extensos que dificultaban la concentración y la apropiación del proceso.  Un  implementador resumió la tensión como “la completitud se pelea un poco con la usabilidad”.


Alta dependencia de facilitación técnica especializada

La literatura muestra que incluso las metodologías participativas requieren mediación conceptual, capacidades técnicas y habilidades de facilitación. En Ecozonas, este acompañamiento fue necesario para traducir conceptos, orientar el mapeo y evaluar la viabilidad de las soluciones. La traducción de conceptos como “vulnerabilidad” o “riesgo climático” al lenguaje comunitario requiere facilitadores capaces, en palabras de un especialista externo, de “cachar de ambos lados las ideas y poner el diálogo entre estas dos formas de lenguaje”. 


Barreras sociales, organizativas y digitales para la participación equitativa

Las herramientas digitales pueden agilizar el diagnóstico, pero también excluir a ciertos grupos y reducir los espacios de deliberación colectiva. En Ecozonas, la aplicación móvil generó barreras para algunas personas participantes y evidenció los límites de depender de respuestas individuales: “yo puedo tener una prioridad en mi cabeza, pero escuchando a otros la puedo poner en cuestión… eso es lo que me parece que está faltando acá”, señaló una entrevistada.


Débil articulación entre diagnóstico e implementación

Las soluciones priorizadas por la comunidad pueden ser inviables por falta de reconocimiento legal sobre el territorio, desconexión con los instrumentos formales de planeación municipal, o ausencia de financiamiento asegurado para la fase de implementación. Un implementador señaló: “hay soluciones que están ahí planteadas… que a lo mejor son inviables para ciertos contextos urbanos… proponer humedales en Hermosillo sería inviable”. Esta limitación es consistente con la literatura internacional, que documenta que los proyectos participativos suelen financiar el diagnóstico sin asegurar recursos para la implementación o el monitoreo posterior.

Ecozonas
Jornada comunitaria de reforestación e implementación de un jardín de lluvia en La Metalera, Hermosillo. Fotografía: Hermosillo, ¿Cómo Vamos?


Componentes identificados como centrales


El análisis identificó tres componentes del proceso como particularmente relevantes para su continuidad en la reformulación metodológica: el mapeo comunitario, como componente indispensable para localizar problemas territorialmente y orientar soluciones; el catálogo de soluciones urbanas sostenibles, como herramienta que amplía las opciones de intervención más allá de lo que la comunidad identificaría de forma autónoma; y el diseño colaborativo de intervenciones, señalado de forma consistente entre los entrevistados como el momento de mayor generación de apropiación comunitaria sobre las soluciones. El análisis también identificó que la participación comunitaria se activa con mayor facilidad en torno a necesidades tangibles —agua, gestión de residuos, seguridad— que en torno al concepto abstracto de cambio climático, y que su efectividad depende de las capacidades organizativas y liderazgos vecinales preexistentes.


Reformulación metodológica propuesta


Con base en estos hallazgos, WRI México propone una versión reformulada de Ecozonas que elimina la rueda de percepción y el reporte automático de identificación de SUS, fusiona pasos previamente fragmentados, simplifica el lenguaje y reduce el número de indicadores, e incorpora alternativas analógicas —como mapas impresos digitalizados posteriormente— para reducir la dependencia de la aplicación móvil.


El proceso reformulado se organiza en tres componentes. El diagnóstico combina una encuesta breve de riesgos climáticos, un taller presencial de validación comunitaria, preparación técnica del mapeo por el equipo facilitador, y mapeo comunitario en campo. La priorización reúne en un taller presencial la selección colectiva de ubicaciones de intervención y la priorización de soluciones, con criterios acordados —pertinencia territorial, impacto potencial, factibilidad, capacidades locales, recursos disponibles— e idealmente con participación de actores institucionales que evalúen la viabilidad técnica. El diseño colaborativo traduce las prioridades en propuestas de intervención construidas colectivamente, con participación de actores técnicos o institucionales desde etapas tempranas.


La propuesta reformulada excluye deliberadamente la implementación y el monitoreo como etapas del modelo metodológico, dado que estas fases requieren capacidades, marcos institucionales y financiamiento distintos a los del diagnóstico participativo.


Implicaciones


La revisión muestra que no existe una metodología óptima en todos los contextos:  los enfoques más exhaustivos ofrecen mayor precisión y comparabilidad, pero suelen ser más densos, con mayor dependencia de facilitación especializada y menor apropiación comunitaria; mientras que los enfoques más simplificados ganan en viabilidad y pertinencia local a cambio de reducir precisión y comparabilidad entre territorios. La reformulación de Ecozonas parte de este aprendizaje y busca un mejor equilibrio entre rigor, usabilidad y pertinencia local.


El aprendizaje de Ecozonas apunta a una conclusión más amplia: una evaluación comunitaria cobra valor cuando ayuda a convertir el diagnóstico en decisiones y rutas de acción. Diseñar estos procesos implica diseñar metodologías que reconozcan desde el inicio qué pueden resolver por sí mismas y qué requiere alianzas, recursos y capacidades adicionales.
 


Documento de trabajo completo: Adaptación a escala barrial: lecciones para fortalecer la evaluación comunitaria de vulnerabilidad climática

 

Expertos destacados de WRI:
Andrea Villasís -

Coordinadora junior de Desarrollo Urbano 

Mariana Campos -

Gerente de Desarrollo Urbano

Gorka Zubicaray -

Especialista Técnico Senior en Desarrollo Urbano de Datos