foro “La naturaleza como aliada frente al calor extremo: soluciones para un clima habitable”
Foro “La naturaleza como aliada frente al calor extremo: soluciones para un clima habitable”

El mensaje del foro fue: frente a un clima más extremo, hacer ciudades habitables no dependerá únicamente de enfriar edificios, sino de transformar el territorio para que la propia ciudad sea capaz de generar sombra, capturar agua, reducir temperaturas y proteger a las personas.

Ciudad de México, octubre de 2026. — En una ciudad donde el concreto puede convertir calles y viviendas en auténticas trampas de calor, la naturaleza emerge como una infraestructura esencial para proteger la salud, reducir desigualdades y hacer habitables los espacios urbanos frente a un clima cada vez más extremo. Esta fue una de las principales conclusiones del foro “La naturaleza como aliada frente al calor extremo: soluciones para un clima habitable”, realizado en la Utopía de Mixhuca, en el marco de la Semana de Acción de México por el Clima.

Francisco Barnés, Director Ejecutivo de World Resources Institute (WRI) México
Francisco Barnés, Director Ejecutivo de World Resources Institute (WRI) México

Francisco Barnés, Director Ejecutivo de World Resources Institute (WRI) México, señaló que las zonas con menor equipamiento verde, mayor presencia de concreto y menor disponibilidad de áreas verdes concentran condiciones que intensifican el calor urbano: los techos, calles y suelos de concreto absorben la radiación solar y la liberan posteriormente, elevando la temperatura durante el día y prolongando el calor hacia la noche.

Ante este escenario, destacó que las soluciones basadas en la naturaleza son una de las estrategias más importantes de adaptación al cambio climático, particularmente cuando se vinculan con una planeación urbana integral. No se trata únicamente de incorporar parques o árboles de manera aislada, explicó, sino de conectar intervenciones: corredores verdes, techos verdes, espacio público, infraestructura y criterios de construcción que permitan reducir la exposición de las personas al calor.

Barnés subrayó además que el calor extremo no puede analizarse de manera separada de otros problemas ambientales. Existe una relación entre las altas temperaturas y el deterioro de la calidad del aire, por lo que las respuestas requieren una perspectiva que integre clima, salud, movilidad, vivienda, espacio público y calidad ambiental.

En este sentido, WRI trabaja en la medición del confort térmico para conocer no solo la temperatura de una ciudad, sino cómo experimentan el calor las personas, incorporando variables como las condiciones territoriales y la marginalidad. Este enfoque permite identificar con mayor precisión a las poblaciones y zonas que enfrentan mayores riesgos y orientar hacia ellas las intervenciones.

El reto, señaló, es pasar de acciones aisladas a un modelo urbano integral que combine soluciones basadas en la naturaleza con medidas de eficiencia térmica en viviendas y edificios, incluyendo estrategias de enfriamiento pasivo y tecnologías eficientes de climatización.

Desde la Secretaría del Medio Ambiente de la Ciudad de México, Liver Salijeral Giles, asesor de la dependencia
Liver Salijeral Giles, asesor de la Secretaría del Medio Ambiente de la Ciudad de México

Desde la Secretaría del Medio Ambiente de la Ciudad de México, Liver Salijeral Giles, asesor de la dependencia, destacó que las islas de calor son un problema multidimensional que requiere respuestas coordinadas entre distintas áreas de gobierno, particularmente porque sus efectos tienen consecuencias directas sobre la salud de la población.

Los impactos son especialmente relevantes para personas adultas mayores y mujeres embarazadas, entre otros grupos vulnerables. Frente a ello, la ciudad impulsa estrategias para incrementar las áreas verdes y el arbolado urbano, entre ellas un programa de reforestación urbana con la meta de plantar un millón de árboles en la zona urbana.

La estrategia parte también de una realidad territorial: aunque aproximadamente 60% del territorio de la Ciudad de México corresponde a suelo de conservación, con bosques, humedales y otros ecosistemas, el desafío de las islas de calor exige poner especial atención en las zonas urbanas donde la infraestructura verde es más escasa y las condiciones de vulnerabilidad social son mayores.

La reducción del calor urbano, enfatizó la Secretaría, no debe entenderse únicamente como una política ambiental, sino como una estrategia para reducir desigualdades y mejorar las condiciones de vida de quienes enfrentan una mayor exposición a temperaturas extremas.

Gabriel Tenenbaum, Director de Implementación para América Latina de C40 Cities Climate Leadership Group
Gabriel Tenenbaum, Director de Implementación para América Latina de C40 Cities Climate Leadership Group

Por su parte, Gabriel Tenenbaum, Director de Implementación para América Latina de C40 Cities Climate Leadership Group, advirtió que las ciudades deben prepararse para un futuro climático más desafiante. Mientras el mundo busca limitar el calentamiento a 1.5 °C, los gobiernos urbanos ya necesitan adaptarse a condiciones que antes se proyectaban para décadas posteriores.

El impacto humano de este fenómeno es creciente: alrededor de 500 mil muertes al año están relacionadas con el calor extremo, mientras que en América Latina cerca de 60% de la población se encuentra en condiciones de vulnerabilidad frente a sus impactos, señaló.

Para Tenenbaum, la respuesta debe centrarse en quienes enfrentan los mayores riesgos y, al mismo tiempo, lograr que las intervenciones alcancen la escala necesaria. Citó el caso de Medellín, donde una red de más de 30 corredores verdes ha permitido reducciones de temperatura de hasta 10 grados Celsius en determinadas zonas.

El desafío, apuntó, es pasar de los proyectos piloto a políticas públicas de impacto permanente, para lo cual resulta indispensable la participación ciudadana y la apropiación de las soluciones por parte de las comunidades. En este contexto, destacó el papel de las Utopías como espacios públicos que pueden funcionar como refugios climáticos y equipamientos accesibles para la población.

Laura Guzmán, Coordinadora de Enlace Institucional de la Secretaría del Medio Ambiente
Laura Guzmán, Coordinadora de Enlace Institucional de la Secretaría del Medio Ambiente

Finalmente, Laura Guzmán, Coordinadora de Enlace Institucional de la Secretaría del Medio Ambiente, planteó uno de los cambios estructurales más importantes: incorporar el tema del calor y la infraestructura natural dentro de los instrumentos de planeación urbana de la Ciudad de México.

El Programa General de Desarrollo Urbano vigente, señaló, data de 2003 y requiere una actualización que reconozca a las áreas verdes como parte de la infraestructura urbana, al mismo nivel de importancia que otras infraestructuras críticas de la ciudad.

“Seguimos entendiendo como infraestructura las vialidades, los aeropuertos, las hidroeléctricas o los hospitales, pero la infraestructura natural no la estamos visualizando”, señaló Guzmán, al destacar que frente al cambio climático esta perspectiva debe transformarse.

Reconocer árboles, áreas verdes, corredores naturales y otros elementos del territorio como infraestructura significa también cambiar la manera en que se decide dónde invertir, qué proteger y qué construir. La adaptación al calor extremo, concluyeron los participantes, requiere dejar atrás intervenciones fragmentadas para construir una ciudad donde la naturaleza forme parte de la solución desde la planeación misma.

 

Más sobre este tema:
Ciudades