Cómo incorporar a más mujeres conductoras al transporte público: lecciones desde México
Solo el 10% de quienes conducen transporte de pasajeros en México son mujeres. Con base en los programas de Jalisco y Oaxaca, WRI México y GIZ identifican seis condiciones clave para incorporar a más mujeres al volante y resolver, de paso, la escasez de conductores que enfrenta el sector.
México enfrenta una falta de personas conductoras de transporte terrestre, tanto de pasajeros como de carga, lo que afecta directamente la calidad y eficiencia del servicio. La incorporación de mujeres conductoras es una oportunidad para beneficiar a miles de mujeres y sus familias, promover el desarrollo económico en el país, y remediar uno de los principales problemas que enfrenta hoy el sector transporte.
De acuerdo con los datos más recientes de los Censos Económicos de INEGI (2019), de las casi 157 mil personas que trabajaban en transporte terrestre de pasajeros en México (exceptuando ferrocarriles), el 90% son hombres y el 10% mujeres. La representación de mujeres es menor en los servicios específicos de autobuses y sistemas BRT donde solo representan un 7% de los empleos; por otro lado, su representación es mayor en servicios de tren ligero/trolebuses y en el metro, con proporciones de 18% y 36% respectivamente. Esta brecha es el resultado acumulado de una serie de barreras estructurales históricas a la incorporación de las mujeres en sectores productivos, y el transporte es un sector que se percibe como particularmente masculinizado.
La baja participación de mujeres en la economía genera costos en productividad y desarrollo económico. De acuerdo con el Banco Mundial (2020), si en México las mujeres participaran en el mercado laboral en la misma proporción que los hombres, se tendría un incremento del 22% del Producto Interno Bruto (PIB).
En este contexto, y adicional a otras iniciativas, la Deutsche Gesellschaft für Internationale Zusammenarbeit (GIZ) en México ha acompañado el diseño e implementación del Programa de Mujeres Conductoras Oaxaca (Mujeres Moviendo a Oaxaca) y, en colaboración con WRI México, se ha apoyado a que otras ciudades puedan iniciar la réplica de este Programa. Este trabajó se realizó en el marco del proyecto de cooperación bilateral denominado “Transición hacia un Sistema Integrado e Inteligente de Transporte Público en México (TranSIT)”, entre el Gobierno Federal Mexicano, a través de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (SEDATU), y el Gobierno de Alemania, a través de la GIZ, que trabaja por encargo del Ministerio Federal de Cooperación Económica y Desarrollo (BMZ por sus siglas en alemán).
A continuación, se presentan los aprendizajes derivados de estos procesos, identificando qué ha funcionado, qué puede mejorarse y qué condiciones son necesarias para implementar un programa de este tipo.
¿Qué es un Programa de Mujeres Conductoras?
Un Programa de Mujeres Conductoras es una política pública enfocada en el transporte que incorpora la perspectiva de género. Se tienen dos objetivos complementarios: incrementar la oferta de personas conductoras para el transporte y reducir la brecha de desigualdad laboral y salarial que enfrentan las mujeres en un sector históricamente masculinizado.
Estos objetivos se logran a través de procesos de capacitación y certificación de competencias que permiten a las mujeres obtener licencias de conducción profesionales para el servicio público. A ello se suman apoyos económicos para la formación y los trámites administrativos, lo que contribuye a reducir las barreras de entrada y permanencia durante su capacitación. Asimismo, la vinculación laboral con empresas de transporte es un factor clave para garantizar el éxito de estos programas.
Beneficios documentados
En 2023, el equipo de WRI México analizó la implementación del Programa de Mujeres Conductoras en Jalisco en colaboración con GIZ México, en el marco de la iniciativa TUMI E-Bus Mission: acelerando la adopción masiva de buses eléctricos a nivel mundial. Entre los beneficios destacan:
- Para las mujeres: acceso a empleo formal con mejores salarios y beneficios acorde a la ley, mejorando también la situación económica de sus familias.
- Para las empresas operadoras: menor rotación de personal, menor ausentismo y conducción más segura.
- Para las personas usuarias: percepción de mayor seguridad en el transporte, en particular para infancias y mujeres.
Seis condiciones para una implementación exitosa
Si bien estos beneficios son claros y consistentes en diversas experiencias en México y América Latina, es necesario entender las condiciones para su implementación y evitar errores comunes. Con base en los casos de Jalisco y Oaxaca, WRI ha identificado un conjunto de elementos habilitadores que las autoridades deben considerar antes de diseñar e implementar un Programa de Mujeres Conductoras.
1. Marco normativo: identificar y remover barreras
En el caso de Jalisco, una barrera relevante era la exigencia de contar con una licencia de chofer por al menos cuatro años para acceder a la licencia de transporte público. Esto limitaba la incorporación de mujeres, cuya participación en el sector es baja. El reglamento se reformó para requerir cualquier tipo de licencia por dos años.
El aprendizaje es que se necesita revisar la forma en que el marco normativo vigente puede suponer una restricción a los objetivos del programa, e identificar los ajustes razonables que son necesarios para el éxito del programa, sin descuidar los principios de la movilidad segura. Esto implica analizar leyes estatales de movilidad y reglamentos de licencias. Los cambios deben iniciarse antes de implementar el programa.
2. Gobernanza: la importancia de la colaboración
En Jalisco y Oaxaca, los programas se construyeron mediante coordinación interinstitucional entre autoridades de transporte, instancias de género e instituciones educativas, sumando en algunos casos también a instancias de salud, trabajo y finanzas.
Este enfoque permite aprovechar capacidades complementarias y mitigar riesgos ante cambios administrativos. Resulta necesario establecer una mesa interinstitucional con roles definidos, así como mecanismos claros de decisión y seguimiento.
3. Financiamiento: suficiente, sostenible y colaborativo
En Jalisco se observó una paradoja: un presupuesto acotado que limitaba la cobertura del programa, pero que facilitó la sostenibilidad del programa en el tiempo. Especialmente al inicio de estos esfuerzos, es importante contar con recursos suficientes para llevar a cabo el programa, pero evitando que el monto se vuelva una barrera política. Una vez que el programa pruebe su efectividad, se pueden escalar los alcances y recursos.
Se requiere financiar el diseño curricular, materiales, herramientas (vehículos o simuladores), becas durante la capacitación y costos administrativos como licencias, además de acciones de comunicación. La coordinación interinstitucional permite aprovechar los recursos existentes, al sumar a distintas instancias que pueden financiar y apoyar distintos componentes sin que la carga sea excesiva para ninguno.
El financiamiento no tiene que ser exclusivamente público; puede incluir cooperación internacional o cofinanciamiento con empresas de transporte que se verán beneficiadas de un mayor número de personas conductoras en el mercado. Sin embargo, sea cual sea el mecanismo de financiamiento, es importante que el gobierno mantenga el control sobre el diseño curricular y procure su alineación con la movilidad sostenible y la perspectiva de género.
4. Formación: diseño con perspectiva de género
El diseño curricular no debe limitarse únicamente a componentes técnicos. Debe adaptarse a las condiciones de las personas participantes e integrar una visión amplia de movilidad y desarrollo profesional.
El análisis del perfil de las participantes —incluyendo empleo y responsabilidades de cuidado— es un insumo esencial para el desarrollo de contenidos y para definir las condiciones laborales. Los horarios rígidos o las sedes inaccesibles reducen la participación de mujeres, al actuar como barreras tácitas. En Jalisco, la flexibilización y modalidad remota aumentaron la finalización del curso de un 60% al 75%.
En Oaxaca, el programa se estructuró en tres bloques: técnico, habilidades socioemocionales y proyecto de vida. Incorporar la perspectiva de género permite no sólo formar conductoras, sino también fortalecer trayectorias personales y profesionales.
5. Convocatorias: llegar a las personas correctas
Este componente tiene dos retos. Primero, lograr comunicar que el transporte es una opción viable de trabajo para las mujeres (muchas sin experiencia previa), ofreciendo información clara sobre requisitos y beneficios.
Segundo, usar canales adecuados para llegar a la audiencia objetiva. Los medios pueden ser insuficientes, por lo que conviene sumar redes sociales, espacios del transporte público y sesiones informativas en zonas accesibles y horarios flexibles. Esto mejora el alcance de la convocatoria y reduce barreras de entrada.
6. Condiciones laborales: promover la permanencia
El programa no termina con la formación. Su éxito depende de que las mujeres consigan y mantengan empleos formales, seguros y con posibilidad de desarrollo. Para lograrlo, es indispensable la coordinación con empresas de transporte para asegurar la inserción laboral y el seguimiento.
También se requiere infraestructura básica diseñada con una perspectiva de género: baños segregados, espacios de descanso, lactancia o cuidado infantil. La ausencia de estos espacios genera inseguridad e incomodidad en el trabajo, reduciendo las probabilidades de permanencia de las mujeres en estos trabajos.
Finalmente, se debe prestar atención a las condiciones laborales flexibles. Actualmente, la carga de labores de cuidados sigue recayendo principalmente en las mujeres, y las empresas que no consideran esto en el diseño de sus operaciones pierden competitividad. Contar con esquemas más flexibles contribuye directamente a mejorar la retención de mujeres, pero también benefician a todo el personal, independientemente de su género.
Conclusión
Los Programas de Mujeres Conductoras son un componente clave dentro de un proceso más amplio para transformar la calidad del transporte público y la cultura laboral del sector. En Jalisco, donde ya es una política pública establecida con varias generaciones de mujeres conductoras, se ha capacitado 239 mujeres desde su creación, y se estima que más de 120 trabajan actualmente en distintos sistemas de movilidad. En Oaxaca se capacitó a 19 mujeres en la conducción de autobuses en su primera generación, y actualmente se estima que hay 35 mujeres como operadoras.
Si bien cada ciudad debe diseñar e implementar estos programas según su contexto, el análisis de experiencias previas permite aprovechar aprendizajes acumulados por mujeres, empresas, autoridades y especialistas, identificando elementos esenciales para reducir riesgos en nuevos programas. Incorporar más mujeres al transporte público no debe entenderse como una medida aislada de inclusión, sino como una estrategia para fortalecer la operación, mejorar la calidad del servicio y construir sistemas de movilidad más sostenibles y resilientes.