Cómo la ciencia ciudadana está refrescando los barrios de México
Para vecinos de barrios como El Ranchito o Amapolas, en Hermosillo, Sonora, el calor extremo ya no es un dato abstracto, sino una rutina diaria. Un proyecto de ciencia ciudadana de WRI México les dio las herramientas para medirlo, documentarlo y exigir cambios concretos en su ciudad.
"El calor es insoportable", dijo Nadia al describir la vida en su ciudad natal, Hermosillo. "Para ir al trabajo, nos vemos obligadas a tomar el autobús porque, si vas caminando, te deshidratas. Es imposible ir caminando".
Las temperaturas abrasadoras no sólo afectan el trayecto al trabajo, explicó Nadia. Para muchos vecinos, las dificultades continúan en casa.
"En mi caso, y en realidad en todos los hogares, necesitamos tener ventiladores o aire acondicionado, pero no todo el mundo puede permitírselo", dijo Nadia. "No es como en otras ciudades, donde parece que no los necesitan. Aquí… No es un lujo; es una necesidad tener ventiladores o aire acondicionado para poder vivir".
En ciudades de todo el mundo, el calor extremo ya no es sólo una disrupción estacional propia del verano, sino que está transformando la forma en que las personas viven, trabajan y se desplazan por las ciudades. En mayo de 2026, las temperaturas en toda América del Norte alcanzaron máximos sin precedentes, seguidas de la peor ola de calor registrada en Europa en junio. Sólo en 2025, las olas de calor provocaron más de 16,000 muertes en ciudades europeas.
A medida que suben las temperaturas, también aumentan las enfermedades relacionadas con el calor y las visitas al hospital, mientras que la productividad se ve afectada. Las personas con mayor riesgo suelen ser aquellas que cuentan con menos recursos y menor protección frente al calor.
Cómo influye el calor en la vida cotidiana de Hermosillo
Situada en el corazón del desierto de Sonora, Hermosillo, conocida como la "Ciudad del Sol", es una de las ciudades más calurosas de México. En julio de 2025, la ciudad batió un récord histórico de temperatura, al alcanzar una temperatura ambiente de más de 46 grados centígrados por primera vez desde que se tienen registros. En barrios como Amapolas, Bella Vista, El Ranchito y La Metalera, estas temperaturas extremas son casi constantes. Los vecinos hacen lo que pueden para refrescarse.
"Encendemos el ventilador y tenemos que mojarnos constantemente la cara en el lavabo para aliviar un poco el calor antes de empezar nuestras actividades", dijo Mirna, vecina de El Ranchito. "Soy activa por la noche y duermo durante el día".
Otra vecina, Brenda, dijo: "Cuando tengo que salir, tengo que hacerlo temprano o, si no, prefiero no salir, porque hace mucho calor y me hace sentir pesada".
Otros vecinos han reportado que se sienten mal o mareados, o incluso que sufren golpes de calor al salir a caminar al mediodía. Y por la noche, muchos vecinos no pueden dormir plácidamente en sus habitaciones, que carecen de aislamiento térmico o aire acondicionado. Se han cancelado actividades públicas debido al calor y a la falta de sombra en los espacios públicos.
Un enfoque impulsado por la comunidad para comprender el calor
El Ayuntamiento de Hermosillo está haciendo todo lo posible para mitigar el calor extremo. Las autoridades municipales están utilizando datos sobre las temperaturas para trazar mapas de los patrones a nivel de barrio e identificar las "zonas rojas", en las que la pérdida de vegetación y el aumento de la infraestructura gris —como el asfalto y el concreto— han provocado un aumento de las temperaturas.
Pero estas medidas por sí solas no son suficientes. La mayor parte de los datos de las estaciones meteorológicas se centran en las temperaturas a gran escala, pero para comprender cómo se percibe el calor a nivel individual se requiere un enfoque diferente en la recopilación de datos.
Para hacer frente a este reto, WRI México puso en marcha Barrios más frescos: ciencia participativa contra el calor extremo, una iniciativa de ciencia ciudadana que combina los conocimientos de la comunidad con la recopilación de datos a nivel local para comprender mejor cómo viven el calor extremo los habitantes de Hermosillo. En lugar de tratar a los residentes como sujetos de investigación, el proyecto les invitó a convertirse en socios de investigación, recopilando datos, interpretando los resultados y ayudando a identificar soluciones. Este enfoque resultó especialmente valioso, ya que las experiencias relacionadas con el calor extremo pueden variar drásticamente de una calle a otra, o incluso de una manzana a otra.
Aprovechando el legado de EcoZonas
El proyecto Barrios más frescos se basa en EcoZonas, un proyecto anterior llevado a cabo por WRI México en La Metalera, que contribuyó a situar la adaptación climática a escala de barrio en la agenda local de Hermosillo, combinando la participación comunitaria con mejoras tangibles en el espacio público. Más allá de las intervenciones físicas, EcoZonas también reforzó la capacidad de los residentes para identificar los riesgos climáticos y diseñar soluciones colectivas para sus propios barrios en colaboración con los agentes locales. Esas lecciones y capacidades se trasladaron a Barrios más frescos, donde la experiencia previa se convirtió en el punto de partida que generó la confianza necesaria para generar datos de calor localizados y avanzar hacia estrategias prácticas de adaptación.
Tras un taller introductorio, los voluntarios locales de los barrios participantes recopilaron datos entre junio y octubre de 2025. Llevaban sensores portátiles que registraban la temperatura ambiente y la humedad relativa a lo largo del día, mientras que sus teléfonos recopilaban datos de ubicación. Los voluntarios también llevaron «diarios del calor», en los que documentaban adónde iban, qué hacían y cómo les afectaba el calor. Posteriormente, WRI México transmitió las conclusiones a las comunidades a través de talleres en los que los residentes validaron los resultados, identificaron los puntos más calurosos del barrio y comenzaron a debatir posibles estrategias de adaptación.
Investigación diseñada en función de la vida de las personas
La recopilación de datos a escala de barrio también supuso diseñar la investigación en torno a la vida de las personas. Los voluntarios tuvieron que compaginar su participación con el trabajo, las responsabilidades de cuidado y las rutinas diarias, al tiempo que se enfrentaban a problemas técnicos como sensores defectuosos, problemas de conectividad y el cansancio derivado de las encuestas.
Generar confianza resultó ser tan importante como recopilar datos. El proyecto depende de que los residentes se consideren socios cuyos conocimientos pueden influir en la investigación y en sus resultados, en lugar de ser meros sujetos de estudio.
Para Nadia, una voluntaria de El Ranchito, participar significaba algo más que recopilar datos. Era una oportunidad para que los vecinos resolvieran problemas juntos. "Juntos podemos ayudar y aprender, ¿verdad? Decir: '¿Sabes qué? Tenemos que ponernos de acuerdo y decidir: ¿Necesitamos más árboles? Entonces plantemos más árboles'", afirmó.
La experiencia puso de manifiesto una lección fundamental: la investigación basada en la comunidad debe diseñarse en función de las realidades de las personas a las que pretende involucrar.
De los datos a la acción
Tras analizar los datos, los vecinos se reunieron en talleres de diseño colaborativo para convertir los resultados en estrategias de adaptación del barrio.
Una de las zonas prioritarias es un terreno baldío cerca de una escuela en Amapolas. Aunque recientemente se ha convertido en un campo de fútbol, la falta de árboles sigue dejando a los vecinos con poca sombra. Para Nadia, eso significa tener que soportar el calor cuando va a recoger a su nieta a la escuela.
"Apuro a mi nieta hasta que llegamos a un árbol grande; nos refugiamos bajo ese árbol para protegernos del sol", dijo.
Los vecinos propusieron soluciones prácticas y de bajo costo que las autoridades locales podrían poner en práctica y extender a toda la ciudad de Hermosillo, entre ellas: rutas con sombra hacia las escuelas, paradas de autobús cubiertas diseñadas para esperas prolongadas al sol, asientos adicionales a lo largo de los corredores peatonales y proyectos piloto de aislamiento térmico de viviendas para los hogares más expuestos al calor extremo.
Más allá de generar datos a escala de barrio que nunca antes habían estado disponibles, el proyecto transformó la relación de los vecinos con el calor extremo. Al inicio del proyecto, sólo un puñado de participantes se sentía con confianza hablando de resiliencia climática o proponiendo soluciones. En los talleres finales, la mayoría de los participantes utilizaba con seguridad los datos y su experiencia personal para explicar los retos del barrio, identificar las carencias en las infraestructuras y abogar por mejoras concretas.
Los datos generados por la comunidad y las propuestas diseñadas conjuntamente contribuyeron a entablar un diálogo con los organismos locales y estatales responsables del transporte, la energía y el desarrollo urbano. Al combinar la experiencia vivida con datos útiles, los residentes presentaron argumentos más sólidos a favor de destinar recursos públicos a la adaptación al calor, lo que contribuyó a orientar los debates sobre futuros presupuestos, mejoras de las infraestructuras y cambios en las políticas públicas.
Lo que las ciudades pueden aprender de Hermosillo
Hermosillo demuestra que una mitigación eficaz del calor requiere algo más que mejores datos: exige comprender cómo experimentan realmente las personas el calor en su vida cotidiana. Al combinar mediciones ambientales con diarios sobre el calor, entrevistas y mapas comunitarios, los investigadores y los residentes pudieron ir más allá de la simple identificación de los puntos críticos para comprender quién se veía afectado, cuándo y por qué. Esa comprensión contribuyó, en última instancia, a transformar los datos en soluciones prácticas.
El proyecto también puso de manifiesto que una participación significativa debe diseñarse en función de la vida de las personas. Herramientas sencillas, horarios flexibles y colaboraciones de confianza con la comunidad permitieron a los residentes contribuir de forma constante, al tiempo que se fomentaba la confianza en el proceso.
Ampliar este enfoque sin perder de vista su orientación hacia el barrio sigue siendo un reto. Un vínculo más sólido entre los datos generados por la comunidad, los procesos de planificación pública y las fuentes de financiamiento a largo plazo podrían contribuir a garantizar que el conocimiento local se tenga en cuenta a la hora de elaborar los presupuestos y los planes de infraestructuras antes de que se adopten las decisiones definitivas.
Quizás el mayor impacto del proyecto fue contribuir a cambiar el enfoque del debate sobre el calor en Hermosillo. Lo que antes se abordaba como una amenaza climática abstracta se entiende cada vez más como un reto hiperlocal que afecta a personas, lugares y rutinas cotidianas . Al combinar los conocimientos de la comunidad con datos localizados —y gracias a iniciativas complementarias como el Cool Cities Lab de WRI—, la ciudad está empezando a ir más allá de las temperaturas medias generales para comprender con mayor claridad quiénes son los más vulnerables, dónde y cuándo. Este cambio está contribuyendo a convertir los datos en acciones y a crear un modelo que otras ciudades pueden adaptar, a medida que el calor extremo se convierte en un reto urbano cada vez más determinante.
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Barrios más frescos: ciencia vecinal contra el calor extremo
Ir al proyectoEn Hermosillo, Sonora, WRI México diseñó junto con la comunidad una metodología de ciencia ciudadana para entender cómo el calor extremo afecta la vida cotidiana y para codiseñar la primera solución de adaptación a escala barrial: una estación de refrescamiento.
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