Datos y participación para proteger a quienes más sufren el calor y la contaminación del aire
En ICUH 2026, especialistas de WRI México, WRI Brasil y la Universidad Federal de Minas Gerais mostraron cómo combinar índices de desigualdad, modelos de calidad del aire, alertas de calor y trabajo con comunidades para priorizar a las poblaciones más vulnerables.
Ciudad de México, 16 de octubre de 2026.– Cómo identificar a las comunidades más vulnerables al calor extremo y a la mala calidad del aire, y cómo convertir esa evidencia en decisiones públicas, fue el tema de la mesa “Prioritizing the vulnerable: Integrating data and engagement for climate resilient, healthy cities”, presentada en la International Conference on Urban Health (ICUH 2026). La sesión, moderada por Mariana Campos, de WRI México, reunió a Gorka Zubicaray y Beatriz Cárdenas, de WRI México; Lara Caccia, de WRI Brasil; y Waleska Caiaffa, de la Universidad Federal de Minas Gerais (UFMG), junto con una investigadora del proyecto SALURBAL que presentó resultados científicos. Las personas participantes coincidieron en que los datos locales y globales, el análisis de salud y la participación sostenida de gobiernos y comunidades deben usarse de manera conjunta.
La mesa partió de un enfoque con tres componentes: datos locales, datos globales reducidos de escala sobre calor y calidad del aire, y trabajo directo con las comunidades. Se presentaron cuatro experiencias que lo aplican en México y Brasil.
Índice de Desigualdad Urbana: dónde invertir primero
Gorka Zubicaray, especialista senior en Desarrollo Urbano de WRI México, presentó el Índice de Desigualdad Urbana, una herramienta para que quienes planifican las ciudades mexicanas identifiquen áreas prioritarias de inversión y evalúen la segregación socioespacial.
El índice tiene dos componentes. El primero es una estratificación socioeconómica construida con datos censales mediante un análisis de componentes principales, a partir del enfoque de capacidades de Amartya Sen: educación, servicios, vivienda y conectividad. El segundo es geoespacial: con isócronas de transporte público, mide qué tan accesibles son el empleo, la educación, la salud, las áreas verdes, la cultura y la infraestructura desde cada zona, y privilegia la movilidad activa y el transporte público sobre el automóvil.
En la Zona Metropolitana del Valle de México, los hogares de mayores ingresos tienen 17 veces más acceso a empleo formal que el resto. El índice se adaptó a Brasil y Colombia: en Brasil se ajustó el rango de edad de asistencia escolar y se retiró el componente de salud porque no distinguía entre áreas, y se incorporó el ingreso mediano de los hogares, que el censo brasileño sí registra y que tiene alto poder explicativo. Los resultados mostraron agrupamientos espaciales claros, con zonas de ingresos altos y periferias de menores ingresos.
Zubicaray comparó el método con un análisis de componentes principales espaciales. Los resultados fueron muy similares, con cambios menores en alrededor de 5 % de las unidades, pero el segundo método es más difícil de interpretar para las personas servidoras públicas, por lo que la versión más sencilla puede adaptarse mejor a las capacidades locales. En México, el índice ya se usa para analizar el acceso desigual a escenarios de electromovilidad y la exposición desigual a la contaminación del aire a alta resolución.
Calidad del aire: no todas las personas están expuestas por igual
Beatriz Cárdenas, líder de Una Atmósfera de WRI México, presentó un proyecto financiado por Wellcome Trust que inició a principios de 2026 y tiene una duración de dos años. Explicó que el efecto de la contaminación depende de la susceptibilidad de las personas, como la edad o las condiciones de salud, y de su vulnerabilidad socioeconómica.
“La contaminación del aire no afecta a todos por igual” (Beatriz Cárdenas, WRI México)
La Zona Metropolitana del Valle de México cuenta con casi cuatro décadas de acciones y datos. Los niveles de contaminación son mejores que hace dos décadas, pero todavía superan la norma nacional y las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS). El proyecto vincula la mitigación del cambio climático con la calidad del aire, que suelen abordarse por separado, y toma la electrificación del transporte como caso de estudio.
“Estamos conectando el cambio climático con acciones de calidad del aire, que normalmente no se conectan”
La metodología compara un escenario base con escenarios de mitigación, estima los cambios en las concentraciones de contaminantes con un modelo químico de alta resolución, calcula los beneficios en salud con el programa BenMAP de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) y realiza un análisis costo-beneficio, de modo que también quienes toman decisiones de movilidad y economía vean los beneficios. Al índice de desigualdad se sumará una capa de acceso a aire limpio. El consorcio es multidisciplinario y transdisciplinario, como exige Wellcome, e incluye a los gobiernos local y federal, así como a instituciones de salud pública.
Tras ocho o nueve meses de trabajo, Cárdenas identificó retos de datos: información faltante, incompleta, desactualizada o con desagregación insuficiente; formatos y escalas espaciales y temporales distintos, con inventarios de emisiones de diferentes años y metodologías; acceso restringido en algunos casos; y capacidades institucionales variables. Como respuestas, propuso considerar a quienes generan los datos como colaboradoras y colaboradores y devolverles resultados, acordar estándares comunes en grupos de trabajo y fortalecer capacidades. Destacó como buena noticia que la Ciudad de México y el gobierno federal recopilaron, depuraron y publicaron los datos de monitoreo de la calidad del aire, y que las publicaciones basadas en ellos han crecido desde entonces. El objetivo de WRI es facilitar ese tipo de disponibilidad para que los gobiernos vean sus beneficios.
Calor y participación en Belo Horizonte y Contagem
Lara Caccia, coordinadora de Adaptación Urbana del Programa de Ciudades de WRI Brasil, presentó el proyecto Ciudades Saludables y Resilientes, que estudia los vínculos entre el calor extremo y las características del entorno construido y social en barrios de Belo Horizonte y Contagem, donde WRI ya había trabajado. Se apoya en dos pilares: la investigación, que mide el efecto de las características del entorno construido en la mortalidad a escala de barrio, y la participación, que identifica y convoca a los grupos vulnerables.
WRI lidera los datos y el análisis de calor; SALURBAL y la UFMG, los datos y el análisis de salud; y WRI Brasil, la participación local. Colaboran también WRI México, la Universidad Federal de Río de Janeiro, la Universidad de São Paulo y la Universidad de California en Berkeley, con financiamiento de Wellcome Trust. Caccia recordó que 2023 y 2024 fueron los años más calurosos registrados en Brasil y que Belo Horizonte tuvo 95 días de calor extremo en 2024. Brasil cuenta con datos de salud nacionales y desagregados, lo que permite analizar diferencias dentro de las ciudades.
La participación se organizó en dos grupos de trabajo, uno por ciudad, con una colaboración de tres años que involucra a más de 50 áreas de gobierno en cada una y reuniones aproximadamente bimestrales. Incluyó identidad visual, un boletín, talleres de diagnóstico y eventos descentralizados con personas mayores y comunidades. Un taller para definir la hoja de ruta de implementación está previsto para el mes siguiente.
A partir de ese trabajo, niñas y niños participaron en una COP infantil y escribieron una carta que una secretaria entregó a la persona titular del Ministerio de Medio Ambiente en la COP30, en Belém. El proyecto también se vinculó con la red nacional de alcaldes, realizó una visita técnica con 19 ciudades y apoya la iniciativa federal sobre calor. Entregará un informe técnico y brinda apoyo al Plan Nacional de Acción frente al Calor, con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y el Ministerio de Medio Ambiente.
Alertas de calor basadas en mortalidad
Waleska Caiaffa, profesora de Epidemiología y Salud Pública de la UFMG y fundadora del Observatorio de Salud Urbana de Belo Horizonte, explicó que, junto con la coordinación especial de cambio climático del municipio, desarrolló un protocolo que define umbrales de temperatura asociados con la mortalidad para emitir alertas de calor extremo. Con 10 años de datos diarios de temperatura y mortalidad y un modelo no lineal de rezagos distribuidos, estimaron una temperatura de mínima mortalidad cercana a 29 °C. Los percentiles de temperatura definen los niveles de alerta.
El sistema fue aprobado mediante decreto del alcalde y se aplica en los distintos sectores del municipio. Caiaffa señaló que requiere trabajo de gobernanza para que cada sector esté preparado para actuar según el nivel de severidad, y que el proyecto de WRI contribuyó con la participación de los sectores.
Resultados científicos: el riesgo cambia dentro de la ciudad
Una investigadora del proyecto SALURBAL en la UFMG presentó los primeros resultados científicos. El equipo construyó un modelo de temperatura a escala de barrio con resolución de 500 metros, a partir de datos meteorológicos, imágenes satelitales y un modelo de bosque aleatorio. Luego estimó, para menores de 65 años y para personas de 65 años o más, el riesgo relativo de mortalidad según los percentiles de temperatura y la fracción de mortalidad atribuible al calor extremo.
El riesgo relativo varía en el espacio dentro de las ciudades: en el caso de la población menor de 65 años, se concentra en las áreas central y oriental, y en el de las personas de 65 años o más, en las áreas central y sureste. La composición por edad, por sí sola, no explica la distribución del riesgo de mortalidad por calor. En ambas ciudades, el grupo de 65 años o más presenta fracciones de mortalidad en exceso más altas y más extendidas. Se trata del primer artículo del proyecto; el siguiente paso es explicar estos hallazgos.
“Los protocolos de calor y salud definen cuándo se necesita actuar, y la evidencia local ayuda a determinar dónde se necesita más la acción”
Al cierre de las presentaciones, la moderadora abrió la sesión de preguntas del público.
Puntos clave
- El Índice de Desigualdad Urbana identifica áreas prioritarias de inversión en ciudades mexicanas; en el Valle de México, los hogares de mayores ingresos tienen 17 veces más acceso a empleo formal.
- La contaminación del aire no afecta a todas las personas por igual: depende de su susceptibilidad y su vulnerabilidad socioeconómica.
- Un proyecto de dos años vincula la mitigación climática con la calidad del aire en el Valle de México, con la electromovilidad como caso de estudio.
- Los principales retos de datos son su disponibilidad, completitud, desagregación, formatos y acceso; las respuestas son la colaboración con quienes los generan, los estándares comunes y el fortalecimiento de capacidades.
- En Belo Horizonte y Contagem, la participación sostenida de más de 50 áreas de gobierno por ciudad acompaña la investigación sobre calor y mortalidad.
- Belo Horizonte definió alertas de calor con 10 años de datos de temperatura y mortalidad, aprobadas por decreto del alcalde.
- El riesgo de mortalidad por calor varía dentro de las ciudades y es mayor y más extendido en personas de 65 años o más.
Preguntas frecuentes
¿De qué trató la mesa?
De cómo combinar datos locales y globales, análisis de salud y participación de gobiernos y comunidades para identificar y proteger a las poblaciones más vulnerables al calor extremo y a la mala calidad del aire en ciudades de México y Brasil.
¿Qué es el Índice de Desigualdad Urbana?
Es una herramienta de WRI México que combina una estratificación socioeconómica, construida con datos censales, y el acceso en transporte público a empleo, educación, salud, áreas verdes, cultura e infraestructura. Sirve para identificar áreas prioritarias de inversión y evaluar la segregación socioespacial.
¿Qué busca el proyecto de calidad del aire en el Valle de México?
Estimar los beneficios en salud y económicos de acciones de mitigación climática, con la electrificación del transporte como caso de estudio, y agregar una capa de acceso a aire limpio al índice de desigualdad. Está financiado por Wellcome Trust y dura dos años.
¿Qué se hace en Belo Horizonte y Contagem?
Se investiga el vínculo entre las características del entorno construido, el calor extremo y la mortalidad a escala de barrio, y se trabaja con grupos intersectoriales de gobierno, comunidades y personas mayores, niñas y niños para identificar a los grupos vulnerables y definir una hoja de ruta de implementación.
¿Cómo se definieron las alertas de calor de Belo Horizonte?
Con 10 años de datos diarios de temperatura y mortalidad y un modelo no lineal de rezagos distribuidos, que estimó una temperatura de mínima mortalidad cercana a 29 °C. Los percentiles de temperatura definen los niveles de alerta, aprobados por decreto del alcalde.
¿Quiénes participaron?
Mariana Campos (moderadora), Gorka Zubicaray y Beatriz Cárdenas, de WRI México; Lara Caccia, de WRI Brasil; Waleska Caiaffa, de la UFMG; y una investigadora de SALURBAL en la UFMG.