International Conference on Urban Health (ICUH 2026), “Climate, Environment, & Urban Resilience”
 International Conference on Urban Health (ICUH 2026), “Climate, Environment, & Urban Resilience”

En la Plenaria 1, especialistas de Australia, España y México, junto con WRI México, presentaron indicadores, evidencia sobre el riesgo combinado del calor y la contaminación del aire, y los obstáculos para implementar políticas en las ciudades.

 

Ciudad de México, 14 de octubre de 2026.– La Plenaria 1 de la International Conference on Urban Health (ICUH 2026), “Climate, Environment, & Urban Resilience”, reunió en el Tecnológico de Monterrey, Campus Ciudad de México, a especialistas que analizaron el vínculo entre clima, ambiente y salud urbana. En la sesión, Francisco Barnés Regueiro, director ejecutivo de WRI México, expuso la experiencia de la organización en calor extremo, calidad del aire y seguridad vial. Las personas ponentes coincidieron en que el principal reto de las ciudades es cerrar la brecha entre el conocimiento disponible y su implementación.

La plenaria, parte de la conferencia de la International Society for Urban Health, reunió a Melanie Lowe, de RMIT University; Horacio Riojas Rodríguez, del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP); Daniel Velázquez-Cortés, del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal); Gian Carlo Delgado Ramos, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM); César Rivas Valdivia, de Fundación Azteca; y Francisco Barnés Regueiro, de WRI México.

 International Conference on Urban Health (ICUH 2026), “Climate, Environment, & Urban Resilience”,

Indicadores para actuar: Melanie Lowe

Melanie Lowe, codirectora del Global Observatory of Healthy and Sustainable Cities, abrió la plenaria con una exposición sobre indicadores de salud urbana y resiliencia climática. Señaló que persisten inequidades en salud dentro de las ciudades y entre ellas, y que el cambio climático las profundiza. De las 118 ciudades encuestadas por Resilient Cities Network, indicó, solo 70 % reconoce los riesgos que los peligros climáticos severos representan para la salud, menos de una cuarta parte tiene un plan de resiliencia que integre salud y clima, y 30 % cuenta con acceso confiable a sistemas de alerta temprana.

El Observatorio produce herramientas abiertas para que equipos de cada ciudad calculen indicadores de política y espaciales; actualmente forma una red de 228 ciudades en 60 países y su iniciativa principal es el 1000 Cities Challenge. Lowe expuso cinco consideraciones para que los indicadores sean útiles:

•            Medir lo que importa para tener ciudades saludables con beneficios para la resiliencia climática, como caminabilidad, ciclismo, transporte público, espacios verdes y azules, y acceso a alimentos saludables.

•            Evaluar el espectro completo de determinantes, desde las políticas y las intervenciones en transporte y diseño urbano hasta los resultados en salud, porque los indicadores de los Objetivos de Desarrollo Sostenible se concentran en los resultados.

•            Basarse en evidencia probada internacionalmente.

•            Ser consistentes y comparables entre ciudades, con metodologías estandarizadas y software abierto.

•            Desagregarse espacialmente para revelar inequidades dentro de cada ciudad. Como ejemplo, en Melbourne, 22 % de las personas vive en los vecindarios más vulnerables al calor, pero solo el mapeo muestra dónde se requieren las intervenciones.

“Los indicadores son una herramienta y, como cualquier herramienta, hay que sacarlos de la caja y ponerlos en manos de quienes pueden usarlos para tener impacto” (Melanie Lowe, RMIT University; traducción del inglés)

Para lograr ese impacto, Lowe recomendó validar los indicadores a escala local, coproducirlos con quienes toman decisiones, publicar los informes en los idiomas locales y apoyarse en equipos en cada ciudad que difundan los resultados y promuevan cambios de política.

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Calidad del aire y calor: un riesgo combinado

Horacio Riojas Rodríguez, del INSP, presentó cuatro puntos sobre cambio climático y salud urbana. Primero, que de acuerdo con el informe de calidad del aire del Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC), 90 % de la población de las ciudades mexicanas no respira un aire saludable, principalmente por la exposición crónica a partículas PM2.5 y PM10 y, en ciudades como la Ciudad de México, al ozono. Indicó que la tendencia a la baja del ozono y de las partículas respirables, sensible entre los años noventa y alrededor de 2007 a 2010, no ha continuado.

Segundo, que las ciudades se calientan más que otras regiones y que las islas de calor urbanas podrían elevar la temperatura entre 3 y 8 grados centígrados en ciudades latinoamericanas hacia 2050; en la Ciudad de México se presentan en zonas como Iztapalapa. Tercero, que la evidencia asocia la contaminación y las temperaturas extremas con mortalidad: calculó un aumento de entre 6 % y 8 % en la mortalidad por causas no accidentales por cada 10 microgramos por metro cúbico de exposición crónica a partículas.

El cuarto punto fue la interacción entre ambos factores, que aumenta el riesgo no solo de mortalidad sino de agravamiento de enfermedades respiratorias, cardiovasculares, renales y diabetes. Riojas explicó que esa interacción tiene mecanismos fisiopatológicos documentados y que, con más días calurosos, aumenta la exposición a ozono. Propuso desarrollar índices combinados de riesgo por calor y contaminación, incluir indicadores de salud en los programas de gestión de la calidad del aire y de adaptación al cambio climático, investigar las exposiciones mixtas y fortalecer las capacidades del sector salud.

“Lo que quiero poner sobre la mesa es este riesgo combinado, esta interacción entre un problema crónico, la contaminación atmosférica, y un problema creciente, el incremento en las temperaturas” (Horacio Riojas, INSP)

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Movilidad activa: beneficios en salud y clima

Daniel Velázquez-Cortés, del ISGlobal, presentó resultados preliminares de un estudio sobre sustitución de viajes en auto en ciudades europeas. Explicó que en esas ciudades el transporte es el principal responsable de las emisiones urbanas, que los autos particulares aportan 60 % y que los viajes de menos de 7 kilómetros representan 48 % de los viajes diarios. En un escenario realista, la sustitución de 205.2 millones de kilómetros por transporte activo o público incrementaría la actividad física y evitaría casi 13 mil muertes al año.

Añadió que, según estudios del instituto, se evitarían 166 mil muertes anuales en Europa si las ciudades alcanzaran las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud sobre exposiciones, y 43 mil si aumentaran los espacios verdes, conforme a la regla 3-30-300. Advirtió que no existe una forma de ciudad mejor que otra: las ciudades compactas ofrecen distancias cortas, pero pueden concentrar más contaminación por la densidad de autos, por lo que los beneficios dependen de factores como los espacios verdes, la caminabilidad y el acceso al transporte público.

“Nosotros tenemos la evidencia; la siguiente parte es trabajar con los políticos para que la evidencia pase a ser una acción tangible para la población” (Daniel Velázquez-Cortés, ISGlobal)

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Un “chequeo de realidad” para las ciudades

Gian Carlo Delgado Ramos, de la UNAM y coordinador de uno de los capítulos del informe especial del IPCC sobre ciudades y cambio climático, aclaró que no compartiría contenidos del proceso de elaboración. Planteó cuatro mensajes. Primero, que no hay recetas únicas, porque cada ciudad tiene características, prioridades y oportunidades distintas, y que existen compensaciones, como la que hay entre densidad y espacio verde. Segundo, que es necesario un chequeo de realidad: muchos Objetivos de Desarrollo Sostenible no se cumplirán y, según el informe más reciente del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) sobre el rebasamiento climático, exceder 1.5 °C ya es inevitable, por lo que la planeación urbana debe contemplar cómo estabilizar las emisiones y regresar a un escenario cercano a ese umbral.

Tercero, que una revisión de más de 500 artículos, publicada en Environmental Research Letters, ubica tres retos principales para la planeación urbana: la administración y las capacidades locales, el financiamiento y el conocimiento. Cuarto, que las ciudades se gestionan en silos y se requiere una visión sistémica que integre planeación urbana, clima y ambiente, incluidos biodiversidad, movilidad, agua, energía, residuos, gobernanza, finanzas y cultura.

Entre las acciones urgentes, Delgado mencionó la planeación urbana, climática y ambiental integral, la reducción drástica de la contaminación del aire, la proximidad en el uso del suelo y los servicios públicos, y las soluciones basadas en la naturaleza. Destacó tres prioridades: reducir la brecha entre conocimiento e implementación; construir capacidades, incluido el financiamiento y la gobernanza multinivel, pues la contaminación del aire en la Ciudad de México es un tema metropolitano; y aprovechar las tecnologías para el monitoreo, la evaluación y el aprendizaje de las políticas públicas. Subrayó que las acciones deben ser incluyentes y participativas, con atención a personas migrantes, asentamientos informales y juventudes.

“No hay recetas únicas […]. Cada ciudad es diferente” (Gian Carlo Delgado Ramos, UNAM)

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Agua y salud urbana

César Rivas Valdivia, director ejecutivo de Emprendimiento, Acción Social y Sostenibilidad de Fundación Azteca, presentó su intervención como una provocación y preguntó si puede haber salud urbana sin agua limpia y disponible. Mencionó que en la Ciudad de México hay cientos de colonias con suministro por tandeo y que las respuestas centradas en limitar el abasto no resuelven un problema sistémico, que incluye descargas ilegales, financiamiento, conocimiento, tecnología y gobernanza.

 

Como referencia, Rivas describió el programa de ciudades esponja de China, lanzado entre 2014 y 2015, que busca que 80 % de las áreas urbanas capturen, infiltren, almacenen y reutilicen el agua en un sistema circular. Propuso considerar esta meta para las ciudades latinoamericanas y se pronunció por que la sociedad civil colabore con la academia y los gobiernos locales para cerrar la brecha entre conocimiento e implementación.

“No perdamos la oportunidad de hacer cosas en beneficio de la salud de las ciudades” (César Rivas Valdivia, Fundación Azteca)

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La experiencia de WRI México: calor, aire y seguridad vial

Francisco Barnés Regueiro describió a WRI como un organismo global que busca soluciones para las personas, la naturaleza y el clima, y que, mediante investigación, datos y trabajo técnico, incide en la política pública y en los actores de la sociedad. Se refirió a tres temas: calor extremo, calidad del aire y seguridad vial.

En calor, señaló que 2024 fue el año con mayor incremento de temperatura en México y que mantener el aumento en 1.5 °C está “prácticamente fuera del mapa”; los incrementos serán al menos superiores a 2 °C. De acuerdo con la Secretaría de Salud, 1,157 personas fallecieron por impactos directos del calor en la última década, un efecto más visible en las ciudades del norte del país, donde WRI México trabaja en Hermosillo, Monterrey y Mexicali para medir cómo se distribuye la temperatura y cómo se siente.

Al cruzar índices de marginación con incrementos de temperatura, el equipo encontró una correlación casi directa: las zonas más marginadas son también las que tienen menos equipamiento urbano y áreas verdes, algo visible, dijo, en el oriente de la Ciudad de México.

En calidad del aire, Barnés recordó la estimación de 61 mil muertes prematuras al año en el país y presentó el estudio financiado por Wellcome Trust que WRI México realiza en consorcio con instituciones académicas, entre ellas varias presentes en la conferencia. El estudio busca identificar cómo un portafolio de intervenciones en la Ciudad de México puede incidir no solo en las emisiones, sino en la calidad del aire, en la salud pública y en los impactos económicos. Explicó que los programas de gestión de la calidad del aire suelen trabajar solo con emisiones, lo que dificulta correlacionarlas con la salud, por lo que el equipo emplea modelación química de la atmósfera.

En seguridad vial, indicó que en México ocurren alrededor de 15 mil muertes por siniestros viales al año, que es la primera causa de muerte en ese grupo de edad y que 90 % de las muertes por esta causa ocurre en países como México. WRI México trabaja en varios niveles: apoya la elaboración de normas para la infraestructura de las ciudades, de normas para los vehículos y de límites de velocidad, y colabora con autoridades locales en su implementación.

Barnés explicó que el trabajo busca focalizar los esfuerzos: identificar dónde actuar, cómo incidir, cómo priorizar y sobre quiénes, escalar los casos exitosos a otras partes del país y traducirlos en políticas públicas.

“Estamos convencidos de que a nivel ciudad no podemos evaluar todos estos problemas de manera independiente, porque la gente, al final, vive todos estos problemas de manera conjunta” (Francisco Barnés Regueiro, director ejecutivo de WRI México)

Al cierre de la sesión, Barnés señaló que, si las ciudades se siguen construyendo y gestionando de la misma manera, persistirán los problemas de salud pública y de bienestar, y que estos se viven de forma distinta según el grupo poblacional, por lo que se requieren soluciones articuladas que generen resiliencia.

“Es muy importante que veamos estos fenómenos de manera integrada y es muy importante que busquemos soluciones también de manera integrada” (Francisco Barnés Regueiro)

 

Puntos clave

•            La Plenaria 1 de la ICUH 2026, sobre clima, ambiente y resiliencia urbana, se realizó el 14 de octubre en el Tecnológico de Monterrey, Campus Ciudad de México.

•            Francisco Barnés Regueiro, director ejecutivo de WRI México, participó como panelista.

•            De acuerdo con la Secretaría de Salud, 1,157 personas fallecieron por impactos directos del calor en México en la última década.

•            WRI México estima alrededor de 61 mil muertes prematuras al año por contaminación del aire en el país.

•            Según INECC, citado por el INSP, 90 % de la población de las ciudades mexicanas no respira aire saludable.

•            Calor y contaminación del aire interactúan y elevan el riesgo de mortalidad y de enfermedades crónicas, por lo que se recomienda evaluarlos y atenderlos de forma conjunta.

•            El Global Observatory of Healthy and Sustainable Cities reúne 228 ciudades en 60 países y ofrece indicadores comparables y abiertos.

•            Las personas ponentes coincidieron en la necesidad de cerrar la brecha entre conocimiento e implementación, con capacidades locales, financiamiento y gobernanza multinivel.

 

Preguntas frecuentes

¿Qué presentó WRI México en la Plenaria 1 de ICUH 2026?

Francisco Barnés Regueiro expuso el trabajo de WRI México en calor extremo, calidad del aire y seguridad vial, con datos sobre mortalidad, el cruce entre marginación y temperatura, un estudio financiado por Wellcome Trust sobre calidad del aire en la Ciudad de México y el apoyo a normas de seguridad vial.

¿Cuántas muertes por calor se han registrado en México?

De acuerdo con la Secretaría de Salud, citada por Francisco Barnés Regueiro, fueron 1,157 muertes por impactos directos del calor en la última década.

¿Por qué conviene analizar juntos el calor y la contaminación del aire?

Porque, según Horacio Riojas, ambas exposiciones interactúan y aumentan el riesgo de mortalidad y de agravamiento de enfermedades respiratorias, cardiovasculares, renales y diabetes; además, con más días calurosos aumenta la exposición a ozono.

¿Qué son los indicadores de salud urbana?

Son medidas específicas y comparables que permiten dar seguimiento al avance hacia ciudades saludables y resilientes al clima. Melanie Lowe señaló que deben medir lo que importa, abarcar los determinantes de la salud, basarse en evidencia, ser comparables y desagregarse por zonas de la ciudad.

¿Cuál es el principal reto para las ciudades?

Las personas ponentes coincidieron en que es cerrar la brecha entre el conocimiento y su implementación, para lo cual se requieren capacidades locales, financiamiento, coordinación entre sectores y gobernanza multinivel.

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