La ciudad no tiene fronteras: México necesita una movilidad pensada para las personas
En el Foro Ruta México, especialistas y legisladoras llamaron a superar la fragmentación entre gobiernos y construir una visión metropolitana que integre transporte, territorio, cuidados y seguridad vial.
Ciudad de México.— Las personas no se mueven por municipios ni por límites administrativos. Se desplazan para trabajar, estudiar, cuidar, acceder a servicios y regresar a casa. Sin embargo, la planeación de la movilidad en México todavía está fragmentada.
Éste fue uno de los principales mensajes del panel “La movilidad centrada en las personas”, realizado en el Foro Ruta México de Mobility ADO, donde especialistas, autoridades y legisladoras coincidieron en que el siguiente paso es construir una verdadera visión metropolitana.
Arturo Cervantes, de la Alianza Nacional para la Seguridad Vial, quien moderó el panel advirtió que los viajes cotidianos rebasan las fronteras municipales y estatales, mientras que presupuestos, información y decisiones permanecen divididos. El reto, planteó, es integrar rutas, tarifas, modos e información y establecer responsabilidades e indicadores claros.
Para Fabiola Olivares, Titular de la Dirección General de Política Territorial y Movilidad de SEDATU, México aún cuenta con pocos instrumentos efectivos de coordinación metropolitana. El desafío es pasar de acuerdos que dependen de la voluntad política a mecanismos institucionales que permitan operar conjuntamente.
“La coordinación metropolitana tiene que pasar de la voluntad política a la implementación”, fue uno de los planteamientos centrales.
El crecimiento urbano hace más urgente esta transformación. Julieta Leo, del Centro Mario Molina, recordó que México pasó de 12 zonas metropolitanas en 1960 a 92 actualmente, donde se concentra alrededor de 65% de la población.
“Todavía estamos a tiempo” de construir una visión metropolitana de largo plazo, señaló, antes de que la expansión urbana haga más complejas las soluciones.
Desde el Congreso, la diputada Mayra Espino destacó tres herramientas para hacer posible esa coordinación: legislación, presupuesto y fiscalización. Los proyectos metropolitanos, dijo, requieren mecanismos vinculantes, recursos suficientes y continuidad más allá de los periodos de gobierno.
Poner en el centro los viajes que no aparecen en los mapas
Carina Arvizu, directora de Ciudades de WRI México, llevó la conversación a una dimensión frecuentemente invisibilizada: los viajes de cuidado.
Las encuestas de movilidad suelen priorizar los desplazamientos por trabajo y escuela, dejando fuera buena parte de los viajes que realizan principalmente mujeres para cuidar, acompañar y atender a otras personas.
La planeación, señaló, debe considerar usos de suelo, equipamientos de cuidado y acceso a oportunidades.
“Tenemos que poner en el centro la experiencia cotidiana de las personas”, planteó.
La apuesta, agregó, debe ser reducir no solo las distancias físicas, sino también las desigualdades y la pobreza de tiempo.
Arvizu planteó que no basta con reducir las distancias físicas si permanecen las desigualdades para acceder a oportunidades.
La movilidad debe contribuir a combatir la llamada pobreza de tiempo y garantizar sistemas de transporte de calidad, especialmente ante el envejecimiento de la población y el riesgo de profundizar la dependencia del automóvil.
La discusión metropolitana, por tanto, no es únicamente sobre transporte.
Es sobre tiempo, acceso, cuidados, seguridad, oportunidades y calidad de vida.
Seguridad vial, el otro gran pendiente
El panel también puso sobre la mesa la seguridad vial. Fabiola de SEDATU llamó a fortalecer la Cruzada Nacional por la Seguridad Vial, identificar las acciones que ya funcionan en estados y municipios y llevarlas a escala nacional.
Cervantes recordó que México no alcanzó las metas de reducción de muertes y lesiones de los dos Decenios de Acción para la Seguridad Vial.
El mensaje de cierre fue: la movilidad debe medirse por la calidad de vida que permite, no únicamente por la cantidad de viajes que mueve.
Pensar la movilidad desde las personas implica superar fronteras administrativas, conectar políticas de transporte y territorio, reconocer los viajes de cuidado y hacer de la seguridad vial una prioridad.
La ciudad ya es metropolitana. El reto es que sus instituciones también lo sean.