México por el Clima: banca y empresas piden métricas para financiar la adaptación
En el panel de resiliencia empresarial, representantes de Banco Santander México, FIBRA Macquarie, el PNUD, Marsh México y WRI México describieron los obstáculos para financiar la adaptación al cambio climático: falta de indicadores verificables, de cuantificación financiera de los riesgos y de proyectos identificados.
Ciudad de México, 6 de octubre de 2026. Representantes de Banco Santander México, FIBRA Macquarie, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Marsh México y WRI México señalaron que la adaptación empresarial al cambio climático requiere indicadores verificables, cuantificación financiera de los riesgos y proyectos identificables para acceder a financiamiento. Lo plantearon en el panel “Del riesgo climático a la resiliencia empresarial: Diagnóstico y acción”, primera sesión de la jornada de México por el Clima: Semana de Acción, realizada a las 9:00 horas en el auditorio MARSH Territorio.
La sesión fue moderada por René Ríos Muela, líder de Consultoría en Riesgos Climáticos y Sostenibilidad de Marsh México. Participaron Ellie Hammett, Sustainability Lead de FIBRA Macquarie; Fernando Adrián Puente Flores, director de Sostenibilidad de Banco Santander México; Rosamaría Vélez, coordinadora de Seguros Inclusivos y Financiamiento de Riesgos del PNUD; y José Iván Zúñiga Pérez-Tejada, director de Paisajes Forestales de WRI México.
Para ordenar la conversación, Ríos Muela planteó un caso hipotético: un parque industrial con 18 empresas automotrices y médicas en el corredor manufacturero del norte, junto a un canal pluvial municipal y en una zona de alta presión hídrica. Una tormenta descarga en dos horas el equivalente a varios meses de lluvia, el canal se desborda e inunda los accesos y la subestación eléctrica, las colonias donde vive 75% del personal operativo quedan anegadas y el parque se paraliza 14 días. Las aseguradoras tardan en ajustar, suben primas y deducibles, y nadie cuenta con liquidez inmediata para rehabilitar la infraestructura externa.
El clima ya cambió
Ríos Muela abrió con una investigación de la UNAM que compara el clima de 2025 con el registrado entre 1985 y 2015 y que identifica una “novedad climática” de 98%. “No estamos locos”, dijo sobre la sensación de que hace más calor. Señaló que la descarbonización debe continuar, pero que “también hay que poner atención al tema de adaptación”, que definió como “una gestión de riesgos que se tiene que estar actualizando en el tiempo”.
La encuesta de adaptación climática que Marsh lanzó en marzo muestra un panorama dividido: 30% de las organizaciones que respondieron no ha avanzado en la materia y otro 30% ya la integra en su estrategia. Entre ambos extremos hay distintos grados de madurez, lo que puede abrir una brecha entre las organizaciones con más recursos y las demás, explicó.
Del gasto en reparaciones a la inversión en protección
Ellie Hammett respondió en inglés que el caso hipotético corresponde a la realidad de su operación. “Es real. Y sucede, cada semana o, si no, cada mes en todo nuestro negocio”, afirmó, en traducción. FIBRA Macquarie tiene casi 300 activos en 16 estados y, según explicó, 98% está expuesto a sequías y la mayoría tiene riesgo alto o muy alto de inundación.
Los impactos, dijo, suelen ser indirectos: caminos inundados que impiden el acceso de trabajadores y materiales, calor que reduce la productividad, falta de agua que detiene a los inquilinos. En 2025, la empresa destinó 130 millones de pesos a riesgos climáticos, en parte gasto operativo y en parte inversión para proteger los inmuebles. Hammett sostuvo que no hay un punto de quiebre entre uno y otro. “No creo que haya un momento particular en que se pase del gasto operativo a la inversión. Creo que eso ya está ocurriendo”, señaló. El objetivo, añadió, es “gastar menos dinero en arreglar una gotera en el techo y más en proteger realmente nuestros edificios”.
Para lograrlo se requiere cuantificar el impacto financiero. “Es muy difícil sentarme en esa sala y tener una discusión sin ningún número”, afirmó. Mencionó como impulsores las normas IFRS S1 e IFRS S2, obligatorias para las empresas listadas en México, y apuntó que los inquilinos incorporan cada vez más la resiliencia entre sus criterios, aunque no es el principal.
Para la banca, un riesgo de crédito
Fernando Adrián Puente Flores explicó que el riesgo físico del cambio climático se traduce en un riesgo para el banco: “para nosotros como institución financiera representa un riesgo crediticio”. Una interrupción de operaciones reduce los flujos de efectivo de la empresa y puede depreciar sus activos. Describió los filtros de Santander México: equipos inmobiliarios que revisan permisos de agua y distancia a zonas costeras, un equipo de riesgos socioambientales que analiza la exposición del portafolio y a los clientes de sectores sensibles, y un equipo de garantías que solicita medidas de adaptación y seguros. Esas evaluaciones, dijo, ya han influido en el apetito de riesgo por sectores y clientes.
Recordó el caso del huracán Otis: Acapulco aparecía con bajo riesgo en el atlas de vulnerabilidad y, tras el evento, “la chamba de un banco es sentarse cliente por cliente” para evaluar daños y días sin operar. Sobre el seguro, advirtió que “tampoco es una medida preventiva”.
Puente Flores identificó como barrera estructural la falta de identificación de proyectos de adaptación. “Hoy en día no ha llegado ni un solo cliente” a pedir financiamiento específico para estas medidas, o al menos no se ha detectado, dijo. La taxonomía sostenible de México tiene un apartado de adaptación y la de Santander incluye más de 10 actividades relacionadas, pero “nunca lo hemos usado porque no los estamos identificando”. Citó que en 2023 se asignaron más de 63 mil millones de dólares a adaptación climática y que solo 10% provino del sector privado. “Ahí está el capital para poder financiar este tipo de proyectos”, afirmó sobre la banca y el sector público, y precisó que hace falta identificar proyectos escalables y bancables.
Eventos más frecuentes y aseguradoras que se retiran
José Iván Zúñiga, de WRI México, señaló que el cambio climático está modificando las condiciones de las regiones del país. En Tabasco, las lluvias que antes causaban daños cada 15 años hoy se presentan cada dos o tres, y la precipitación se concentra en menos tiempo. En Sonora y Sinaloa, antes graneros del país, las presas “ya no tienen agua”, lo que afecta a la agricultura, a las industrias que procesan esas materias primas y a la disponibilidad de mano de obra. “Apenas estamos comenzando a comprender muy bien cuáles son los impactos”, afirmó.
Recordó que ya en 1998 se publicó una primera modelación de los efectos del cambio climático en el sector asegurador y financiero, y preguntó por qué no se ha avanzado más rápido en adaptación. Indicó que los costos de los impactos para los seguros crecen entre 5 y 7% anual según informes globales, aunque otros estudios estiman entre 2 y 4%, y que el problema del sector ya no son los grandes huracanes o terremotos, sino “los eventos o los peligros secundarios”, como inundaciones rápidas e imprevistas. En algunas regiones, agregó, las aseguradoras se retiran o suben las primas.
Como vía complementaria planteó las soluciones basadas en la naturaleza. Explicó que los ciclos cortos del agua dependen en buena medida de la vegetación de cada región. “Si gestionamos de mejor forma esos ciclos cortos del agua, evitamos las grandes inundaciones”, dijo, y la recuperación de coberturas vegetales también puede atenuar el aumento de temperatura y la sequía. Propuso explorar coinversiones entre el sector público, el asegurador y el financiero: “el sector financiero no puede cargar con todo, el sector público también tiene que hacer lo suyo”, afirmó, y recordó que “el sector de seguros tiene una función social”.
Desde el proyecto SAbERES de WRI México, con casi 10 mil pequeños productores en nueve estados, indicó que los mecanismos de la banca de desarrollo no han podido operar por tasas, trámites y falta de intermediarios financieros en las regiones. Para avanzar, dijo, se requieren datos y claridad sobre el tamaño del problema: “El que no sabe a dónde quiere ir, pues llega a cualquier lado”.
Seguros que premian la prevención
Rosamaría Vélez relató que, al acompañar a un estado del norte en el tema de incendios, las ofertas de seguro no cubrían la pérdida de especies y biodiversidad, difícil de valorar. Presentó el caso de Portugal, donde los bosques ocupan 75% del territorio y aportan 2.5% del PIB, y donde de 1990 a 2019 solo 10% de las pérdidas por incendios forestales estaba cubierto. La aseguradora AXA analizó el riesgo como un factor que puede cambiar con medidas de adaptación. En un estudio con 12 mil hectáreas, las franjas cortafuegos primarias y secundarias redujeron 80% la afectación a edificios y 74% la prima del seguro. Con mantenimiento correcto, la probabilidad anual de incendio bajaba entre 29 y 54%; con mantenimiento parcial, entre 3 y 9%.
El piloto duró tres años y participaron asociaciones forestales, la autoridad de incendios y organizaciones civiles. “La innovación no fue solo financiera”, dijo Vélez, quien concluyó que, ante pérdidas no cubiertas, hay que analizar el riesgo como algo dinámico y “no solo dejarle todo al seguro”.
Sobre los seguros paramétricos, describió un piloto del PNUD con la Secretaría de Hacienda y la Secretaría de Agricultura que protegió a casi 10 mil productores, con casi 64 mil hectáreas, contra exceso de lluvia y sequía en cuatro estados del sur-sureste. El seguro se activó en dos ocasiones por exceso de lluvia, en Chiapas, y casi 1,500 productores recibieron indemnización. En la encuesta de salida, varios reportaron sequías graves que no alcanzaron el parámetro del seguro, lo que ilustra el llamado riesgo base. Entre los retos para escalar mencionó enrolar a millones de productores, para lo cual propuso aprovechar los padrones de programas sociales, y definir quién paga. En un estado del centro del país, explicó, se propone contratar un seguro con el presupuesto de apoyos directos: esos apoyos cubrirían a 18 mil personas frente a inundaciones, mientras que el seguro podría cubrir hasta 3 millones.
Vélez mencionó también un esquema en el que dos compradoras mexicanas de café pagan el seguro paramétrico de sus productores, además de asistencia técnica y educación financiera. Su lógica, explicó, es que “la resiliencia beneficia no solo a quien produce, sino a quien compra el café”. Escalarlo ha sido complejo: “La respuesta está en construcción”, reconoció.
Lo que falta para financiar la adaptación
Hammett señaló que no tiene conocimiento de créditos ligados a adaptación en el mercado mexicano. Los de FIBRA Macquarie, explicó, se vinculan a indicadores de certificaciones de edificios: “Es un préstamo ligado a la sostenibilidad. No es un préstamo ligado a la resiliencia o a la adaptación”, dijo. Definir un indicador de adaptación que sea comparable, medible, verificable y reconocido internacionalmente, agregó, es el principal pendiente. Ríos Muela coincidió en que los modelos disponibles “no son lo suficientemente potentes” porque el cambio climático no tiene precedentes.
Al cierre, el moderador resumió las conclusiones del panel: “la adaptación requiere de KPIs, requiere de ser perseverantes en el tiempo, requiere de tener esa cuantificación financiera fina”, además de pensar en el beneficiario a lo largo de la cadena de valor y de aplicar pensamiento sistémico.
México por el Clima: Semana de Acción continúa esta semana. Más información sobre la participación de WRI México: https://es.wri.org/noticias/participacion-de-wri-en-mexico-por-el-clima
Puntos clave
• FIBRA Macquarie destinó 130 millones de pesos en 2025 a riesgos climáticos en un portafolio de casi 300 activos en 16 estados, entre gasto operativo e inversión para proteger sus inmuebles.
• Banco Santander México indicó que no ha identificado clientes que soliciten financiamiento específico para medidas de adaptación, aunque su taxonomía incluye más de 10 actividades de este tipo.
• WRI México señaló que en regiones como Tabasco las lluvias que antes causaban daños cada 15 años hoy se presentan cada dos o tres.
• Un estudio de AXA en Portugal encontró que las franjas cortafuegos redujeron 80% la afectación a edificios y 74% la prima del seguro.
• Un piloto de seguro paramétrico del PNUD, con la Secretaría de Hacienda y la Secretaría de Agricultura, protegió a casi 10 mil productores en cuatro estados del sur-sureste.
Preguntas frecuentes
¿Por qué el riesgo climático físico es un riesgo de crédito para un banco? Según Fernando Adrián Puente Flores, de Banco Santander México, una interrupción de operaciones por un evento climático reduce los flujos de efectivo de una empresa y puede depreciar sus activos, lo que afecta su capacidad de pago.
¿Cuánto destinó FIBRA Macquarie a riesgos climáticos en 2025? Ellie Hammett informó que la empresa destinó 130 millones de pesos, entre gasto operativo e inversión para proteger sus inmuebles, en un portafolio de casi 300 activos en 16 estados.
¿Cómo cambió la frecuencia de lluvias extremas en regiones como Tabasco? José Iván Zúñiga, de WRI México, explicó que lluvias que antes causaban daños cada 15 años hoy se presentan cada dos o tres.
¿Qué resultados tuvo el estudio de AXA en Portugal? Según Rosamaría Vélez, del PNUD, en 12 mil hectáreas las franjas cortafuegos redujeron 80% la afectación a edificios y 74% la prima del seguro.
¿Qué resultados tuvo el piloto de seguro paramétrico en México? El piloto del PNUD protegió a casi 10 mil productores en cuatro estados. El seguro se activó en dos ocasiones por exceso de lluvia, en Chiapas, y casi 1,500 productores recibieron indemnización.