México por el Clima: panel sostiene que saber de clima no basta para actuar
En un panel realizado en la Utopía Elena Poniatowska Amor, representantes de la SEDEMA, el PNUMA, la Universidad Iberoamericana, Estudios Planeteando y WRI México plantearon que la educación climática requiere lenguaje cotidiano, vínculo con el territorio, diálogo entre generaciones y participación en las decisiones.
Ciudad de México, 7 de octubre de 2026. Representantes de la Secretaría del Medio Ambiente de la Ciudad de México (SEDEMA), el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), la Universidad Iberoamericana, Estudios Planeteando y WRI México plantearon que acercar el conocimiento climático a la ciudadanía exige ir más allá de la información: explicar con lenguaje cotidiano, partir del territorio y la experiencia de las personas, promover el diálogo entre generaciones y abrir espacios de participación en las decisiones. Lo señalaron en el panel “Educación ante la crisis climática: entender el clima para transformar la ciudad”, realizado a las 12:00 horas en el foro al aire libre de la Utopía Elena Poniatowska Amor, en Coyoacán, como parte de México por el Clima: Semana de Acción.
El panel fue moderado por Elizabeth López, de la Dirección de Cultura Ambiental de la SEDEMA. Participaron Abi Márquez, oficial de Gestión de Programa del PNUMA para América Latina y el Caribe; Vanessa Bonilla Balderas, subdirectora de Educación para la Sustentabilidad de la SEDEMA; María Zorrilla Ramos, investigadora del Centro Transdisciplinar Universitario para la Sustentabilidad (CENTRUS) de la Universidad Iberoamericana; Silvia Olvera, de Estudios Planeteando, organización de divulgación científica; y Saúl Pereyra, gerente sénior de acción climática de WRI México. La sesión se organizó en tres rondas: retos, experiencias y buenas prácticas, y educación para la transformación.
Los retos: llegar a toda la ciudad y traducir el conocimiento
Bonilla Balderas, quien coordina los cuatro centros de cultura ambiental de la Ciudad de México, señaló que la justicia climática debe formar parte de la educación climática, porque los impactos no llegan de la misma manera a todas las personas. Explicó que la capital está dividida en 16 alcaldías con dinámicas, recursos y saberes distintos, lo que vuelve un reto llegar a toda la población. Preguntó al público quién conocía los cuatro centros y señaló que el desconocimiento “es justo muestra de cómo nos falta socializar y llegar hacia más público”.
Márquez indicó que el PNUMA es la secretaría regional de la Red de Educadores Ambientales y de Cambio Climático y que, en una reunión reciente, los ministerios de educación de la región identificaron como una de las brechas más importantes que el tema ambiental no está incorporado en todos los niveles educativos y, menos aún, el climático. Otro reto, dijo, es “conectar la información científica con el quehacer el día a día” de las personas. Relató que en Tijuana, de donde es su familia, se han registrado temperaturas cercanas a 40 °C y que “nunca habíamos vivido una situación en donde las clases escolares se suspendieron por altas temperaturas”, por falta de infraestructura adecuada. Contrastó a quienes trabajan en espacios con aire acondicionado con quienes laboran de manera independiente y pierden ingresos si no salen a trabajar.
Pereyra afirmó que, desde WRI, han identificado que “saber no es suficiente”: la información debe traducirse para que la entienda toda la población, sin importar escolaridad, situación económica o ubicación. Señaló que los acrónimos, que se generan en inglés, son una barrera de entendimiento. Para explicar qué implican 1.5 °C más en el planeta, lo comparó con una fiebre de esa magnitud en el cuerpo, que cambia cómo se siente una persona durante todo el día.
Pereyra planteó que el cambio climático suele percibirse lejano, asociado a los osos polares, aunque se vive en la ciudad, y que “el catastrofismo y la culpa individual es una de las barreras”. Frente a ello, dijo, “hay responsabilidades diferenciadas”: lo que se puede hacer como individuo, como ciudadano y lo que se puede exigir a gobiernos y empresas. Añadió que “una coladera puede ser la diferencia” para que una persona padezca los efectos del cambio climático en su ciudad, y que los impactos varían según dónde y cómo se vive: en el centro, en una cañada o en una unidad habitacional, en una vivienda propia o rentada.
Olvera, quien se dedica a la parte pedagógica y al diseño de materiales didácticos para talleres, habló del diálogo intergeneracional: en los talleres que la organización realiza desde hace un año con escuelas conviven abuelas, madres y otras generaciones. Describió una metodología de regeneración cultural en la que se pide imaginar un árbol: en la fronda se ven las situaciones que se viven, en el tronco la estructura social y en la raíz la cultura y las prácticas. Dijo que le gusta la expresión “no es cambio climático, es crisis climática” y agregó que “no son los eventos, somos nosotros”, porque la crisis involucra la banqueta, el territorio y la casa de cada persona.
Zorrilla Ramos planteó tres retos. El primero es reivindicar lo público, no solo en los espacios y las áreas protegidas, sino también en el conocimiento: “El conocimiento humano es un bien público”, dijo, y como tal debe gestionarse mediante la gobernanza, no quedar en foros exclusivamente académicos. El segundo es reconocer que el conocimiento es afectivo, retomando lo dicho por Pereyra sobre la diferencia entre saber y entender: el aprendizaje pasa por lo que se siente al aprender, por la memoria y por lo que los espacios significan para las personas. El tercero es que el conocimiento es también un tema de derechos, porque el cambio climático afecta el derecho a la salud, a la alimentación y al agua, y la Ciudad de México tiene un camino recorrido en el enfoque de derechos.
Al cierre de la ronda, la moderadora subrayó que la educación no debe ser vertical ni limitarse a aprender conceptos, y que el conocimiento académico no aplica igual en todos los contextos: en el sur del país, dijo, las estaciones no se dividen como se enseña en la escuela, porque “nuestro conocimiento es eurocentrista”. Pidió incluir saberes de otros espacios y de las personas defensoras del territorio, y un diálogo entre generaciones, “porque si no se entiende, no se conserva”.
Experiencias: presencialidad, constancia y lenguaje cotidiano
Zorrilla Ramos afirmó que los medios de comunicación son importantes, pero “solamente informan, no educan”, y que quienes comunican tienen la responsabilidad de ofrecer opciones para que las personas busquen más información. Destacó la presencialidad: en la estrategia de biodiversidad de la Ciudad de México, en la que trabajó, se realizaron 15 talleres abiertos con personas de la academia y de las alcaldías. “El aprendizaje también parte de la reflexión colectiva”, dijo. Mencionó los recorridos en territorio, como las visitas al volcán Xitle, donde unas 30 personas de la comunidad conocen su territorio y su pasado volcánico.
Olvera dijo que para Estudios Planeteando es esencial “generar la constancia”. Estudios Planeteando realiza eventos durante el año y las noches de “transición en juegos”, sesiones de juegos de mesa sobre transición climática en las que personas expertas explican qué hace su organización, que se realizaron de manera constante durante siete meses. También organiza talleres desde hace seis años en el río Magdalena y este año se coordinó con la comunidad de La Magdalena Contreras para hacer recorridos con una actividad artística, como fotografía o cine.
Pereyra planteó que el aprendizaje parte de lo vivencial: percepción, comprensión, contexto social y autogestión. Destacó la memoria climática, es decir, qué sucede hoy que es distinto a lo que ocurría hace cinco, diez o quince años; aterrizar el tema en las alcaldías y los barrios; explicar con palabras cotidianas, como la imagen de una cobija o de un invernadero de cristal para el efecto invernadero; diseñar mensajes para públicos concretos, como personas jóvenes y personas cuidadoras; y garantizar la accesibilidad de la información, con subtítulos, transcripciones y materiales ligeros. Pidió “infografías que no sean textos de 10 páginas”. En este enfoque se inscribe el curso Clima, Justicia y Acción, desarrollado por la SEDEMA, el CENTRUS de la Universidad Iberoamericana y WRI México, que busca que las personas pasen de la percepción a la acción, con la justicia como eje.
Márquez presentó una experiencia con la Semarnat para comunicar el concepto de economía circular: la estrategia no llegaba porque se hablaba de reciclaje, producción y reutilización, y las personas reaccionaron cuando se mostró cómo la economía circular puede beneficiar su propia economía. Mencionó el Museo del Desierto, en Coahuila, que incorporó contenidos sobre conservación de la biodiversidad y especies endémicas a su oferta sobre dinosaurios, y la formación regional de educadores ambientales y climáticos que impulsa el PNUMA.
Bonilla Balderas presentó dos estrategias de la SEDEMA. En Jardines para la vida, que instala jardines polinizadores, se invita a las personas a reflexionar sobre cómo eran sus espacios antes y cómo son ahora; tiene una vertiente en territorios de paz, estrategia de la Jefa de Gobierno para llegar a zonas más alejadas. El mercado del trueque, enfocado en la gestión de residuos, cumplirá 15 años el próximo año: las personas llevan residuos y esperan intercambiarlos por hortalizas o productos de la canasta básica. Aunque no representa un gran porcentaje de los residuos que se recuperan, dijo, “sí es la conciencia ambiental”, que para la SEDEMA es muy valiosa. Agregó que la difusión se ha diversificado del casa por casa a los medios digitales y las redes sociales.
De la comprensión a la acción
Olvera propuso visibilizar los aprendizajes significativos que la población ya tiene y vincularlos con el territorio, con metodologías como la geografía sinfónica, que consiste en explorar los espacios y preguntar qué significa cada uno. Mencionó talleres sobre calidad del aire y un análisis del discurso de lo que dice la gente, para definir qué respuestas pueden dar quienes comunican y divulgan ciencia.
Zorrilla Ramos destacó las alianzas entre academia, gobierno, sociedad civil e investigación, y poner herramientas a disposición de las personas para que accedan a ellas cuando sus tiempos lo permitan. También señaló la importancia de “darle continuidad a los procesos” para saber por qué funcionan o no.
Pereyra planteó fortalecer los espacios de gobernanza para tener una voz conjunta y comunitaria que pueda incidir, y pensar la ciudad como un espacio de derechos humanos, incluido el derecho a un ambiente sano. “El cambio climático no es un problema de medio ambiente”, afirmó: es, por lo menos, un problema de desarrollo, de derechos y de adaptación. Dijo que se requiere “una masa crítica que ayude a mover a la gente”.
Márquez señaló que los hábitos interactúan con la infraestructura y las políticas: quien quiere cambiar su forma de moverse en la ciudad necesita transporte motorizado y no motorizado, y espacios adecuados. Para que el conocimiento se convierta en acción, dijo, debe vincularse con la participación en la toma de decisiones, de modo que se vean beneficios tangibles.
Bonilla Balderas habló de las “condiciones habilitadoras” para que la gente participe: el reto es el desinterés generalizado y lograr que estos temas no se perciban como solo ambientales. Afirmó que la gobernanza “es una construcción social y colectiva” y que el cambio es paulatino.
Al clausurar, la moderadora calificó la sesión como uno de los paneles más importantes “porque sin educación no hay acción climática”.
México por el Clima: Semana de Acción continúa esta semana. Más información sobre la participación de WRI México: https://es.wri.org/noticias/participacion-de-wri-en-mexico-por-el-clima
- Puntos clave
• Saúl Pereyra, de WRI México, señaló que “saber no es suficiente” y que la información climática debe traducirse para que la entienda toda la población.
• Entre las barreras para la educación climática, el panel mencionó el lenguaje técnico, el catastrofismo, la culpa individual, la desigualdad en el acceso a la información y la distancia con el territorio.
• El PNUMA indicó que los ministerios de educación de la región identificaron como brecha la incorporación del tema ambiental, y más aún del climático, en todos los niveles educativos.
• María Zorrilla Ramos, de la Universidad Iberoamericana, planteó que el conocimiento climático es un bien público, debe gestionarse mediante la gobernanza y es también un tema de derechos.
• La SEDEMA coordina cuatro centros de cultura ambiental en la Ciudad de México y su mercado del trueque cumplirá 15 años el próximo año.
• Las propuestas incluyeron memoria climática, recorridos en territorio, diálogo entre generaciones, materiales accesibles, alianzas entre sectores y espacios de gobernanza con participación ciudadana.
Preguntas frecuentes
¿Por qué saber de cambio climático no basta para actuar? Según Saúl Pereyra, de WRI México, la información se queda corta si no se traduce en un lenguaje que toda la población pueda entender y si no se vincula con la forma en que cada persona vive los efectos del cambio climático.
¿Cuántos centros de cultura ambiental hay en la Ciudad de México? Vanessa Bonilla Balderas, de la SEDEMA, informó que la Secretaría coordina cuatro, entre ellos el Centro de Cultura Ambiental de Chapultepec.
¿Qué brecha identificaron los ministerios de educación de América Latina y el Caribe? Abi Márquez, del PNUMA, indicó que el tema ambiental no está incorporado en todos los niveles educativos de todos los ministerios y que el climático lo está aún menos.
¿Qué es Jardines para la vida? Es una estrategia de la SEDEMA que instala jardines polinizadores y parte de que las personas reflexionen sobre cómo eran sus espacios antes y cómo son ahora; tiene una vertiente en territorios de paz.
¿Cómo funciona el mercado del trueque de la SEDEMA? Según Bonilla Balderas, las personas llevan residuos y esperan intercambiarlos por hortalizas o productos de la canasta básica; el programa cumplirá 15 años el próximo año.