Las 5 oportunidades del empleo en la transformación económica de Colombia
Colombia no solo enfrenta una transición energética, sino una transformación económica que puede abrir nuevas posibilidades para las regiones dependientes del carbón, el petróleo y el gas. La clave estará en anticipar los cambios, diversificar las economías locales, reconvertir capacidades técnicas y garantizar empleos estables, dignos e inclusivos.
En Colombia, la discusión sobre transición energética suele enfocarse en tecnologías limpias, reducción de emisiones o expansión de energías renovables. Sin embargo, en varias de estas conversaciones el empleo y sus efectos se pasan por alto.
Más que un debate sobre energía, Colombia enfrenta una transformación económica que podría redefinir el futuro de regiones enteras históricamente dependientes del carbón, el petróleo y el gas. La pregunta ya no es únicamente cómo reducir emisiones, sino cómo generar nuevas oportunidades económicas y laborales para millones de personas.
La magnitud del reto es enorme. Un estudio de Transforma estima que Colombia podría perder hasta 448.000 empleos hacia 2035 asociados a la reducción gradual de actividades de carbón, petróleo y gas. De estos, cerca del 80 % serían indirectos, lo que afectaría a economías regionales completas construidas alrededor del sector extractivo.
De acuerdo con estimaciones de Transforma, la agroindustria sostenible, el turismo de naturaleza y otras actividades asociadas a la bioeconomía podrían generar hasta 1,7 millones de empleos hacia 2035. El estudio concluye además que el mayor potencial de generación de empleo se concentra en la agroindustria y en cambios estructurales de largo plazo en la economía regional.
Pero esos empleos no se generarán automáticamente. Análisis recientes del Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF) resaltan que los cambios económicos que enfrenta América Latina requerirán mucho más que nuevas tecnologías o inversiones aisladas. También exigirán fortalecer capacidades institucionales, diversificar economías regionales y desarrollar nuevas cadenas productivas capaces de generar empleo formal y de calidad.
A partir de este contexto, surgen cinco oportunidades clave que marcarán el mercado laboral colombiano en los próximos años.
1. Orientar la transición hacia la generación de empleo estable y el fortalecimiento de economías regionales
Uno de los mayores riesgos es asumir que la expansión de energías renovables compensará automáticamente las pérdidas laborales del sector fósil.
El estudio de Transforma muestra que muchos empleos asociados a proyectos renovables serían temporales y concentrados en fases de construcción, especialmente en departamentos como Cesar, La Guajira, Meta y Arauca. Esto contrasta con actividades extractivas que, aunque altamente cuestionadas ambientalmente, han sostenido durante décadas cadenas económicas regionales completas.
Investigaciones recientes del World Resources Institute (WRI) muestran que la creación de empleos verdes depende menos de la tecnología y más de la capacidad de los países para desarrollar habilidades laborales, fortalecer cadenas de valor locales y construir políticas de transición territorial justa.
La evidencia en países de ingresos medios, incluyendo el caso de Colombia, advierte además que, sin una planificación económica y laboral adecuada, la transición energética puede derivar en empleos temporales y fragmentados, en lugar de procesos sostenidos de transformación productiva. Esto ocurre porque los nuevos sectores no necesariamente surgen en los mismos territorios, ni demandan las mismas habilidades laborales, ni generan la misma estabilidad económica para las comunidades.
2. Promover la diversificación económica y nuevos motores productivos en regiones extractivas
La transformación económica que enfrenta Colombia tendrá impactos que van más allá del empleo directo en el sector minero-energético. También impactará territorios completos cuyas economías dependen de cadenas asociadas al carbón, el petróleo y el gas (actividades extractivas), que tienen impactos sobre los ingresos fiscales, transporte, comercio, contratación local y prestación de servicios.
Departamentos como Cesar, La Guajira, Meta y Arauca concentran buena parte de esta vulnerabilidad. En estas regiones, las actividades extractivas como la minería y los hidrocarburos han sostenido durante décadas no sólo puestos de trabajo directos, sino también parte importante de la económica local.
El desafío no será reemplazar una actividad económica por otra, sino construir nuevas oportunidades productivas adaptadas a las condiciones y capacidades de cada territorio.
En algunos casos, sectores como la agroindustria sostenible, la restauración ecológica, la bioeconomía o el turismo de naturaleza podrían convertirse en nuevas fuentes de empleo e ingresos. Sin embargo, su potencial dependerá de factores como infraestructura, seguridad, acceso a mercados, capacidades laborales y planificación territorial.
Estudios del Banco Mundial muestran que por cada dólar gastado por turistas se pueden generar entre 2 y 5 dólares adicionales en ingresos para las economías locales. Sin embargo, estos beneficios no sustituyen automáticamente los ingresos asociados a actividades extractivas ni responden por igual a las condiciones de todos los departamentos.
Por eso, el reto para Colombia será diseñar estrategias económicas diferenciadas que permitan construir nuevas oportunidades antes de que las economías regionales entren en deterioro.
3. Reconvertir capacidades técnicas para responder a las nuevas demandas productivas del país
Los cambios económicos que enfrenta Colombia están transformando el perfil de habilidades que demandarán distintos sectores productivos en los próximos años. Esto abre desafíos importantes, pero también nuevas oportunidades para profesionales con capacidades técnicas y científicas.
Un análisis reciente de la Asociación Colombiana de Geólogos y Geofísicos de la Energía, basado en una encuesta aplicada a profesionales de las Geociencias e Ingeniería de Petróleos, evidencia un deterioro importante en las condiciones de empleabilidad de profesionales de estos sectores. Los resultados muestran que uno de cada tres profesionales de estos campos se encuentra desempleados y que cerca del 50 % no recibe ingresos asociados directamente a su profesión. Asimismo, solo el 37 % trabaja en actividades relacionadas con Geociencias, mientras que casi la mitad trabaja en sectores distintos a su campo de formación. La situación es especialmente desafiante para los jóvenes profesionales: el desempleo alcanza el 57 % entre quienes tienen menos de un año de experiencia.
Además, el 69 % de los encuestados percibe una subvaloración salarial, mientras que el 65 % considera inciertas las perspectivas laborales futuras.
Pero estos resultados no necesariamente muestran una pérdida de relevancia de estas capacidades. Por el contrario, reflejan la necesidad de acelerar procesos de reconversión laboral y ampliar los espacios donde este conocimiento puede generar valor.
Las discusiones del Gran Foro Nacional Sindical sobre las Condiciones Laborales del Sector Minero-Energético, realizado el 21 y 22 de mayo de 2026 en Bogotá, y de la Asociación Colombiana de Geólogos y Geofísicos de la Energía, muestran que las Geociencias ya están ampliando su campo de acción hacia nuevas áreas como gestión del riesgo, planeación y ordenamiento territorial, adaptación al cambio climático, gestión de recursos hídricos, restauración ambiental, infraestructura resiliente, nuevos energéticos, ciencia de datos e inteligencia artificial.
Además, varios participantes resaltaron que el conocimiento del subsuelo debe entenderse como un activo estratégico para el país, no únicamente para petróleo y minería, sino también para fortalecer la adaptación, mejorar la planificación territorial y apoyar decisiones de largo plazo sobre agua, energía y biodiversidad.
El desafío no será conservar ocupaciones existentes, sino facilitar que estas capacidades técnicas acompañen la construcción de nuevas oportunidades económicas y ambientales para el país.
4. Fortalecer la formación laboral para responder a las nuevas demandas de la transformación económica
Uno de los mensajes más reiterados durante el Gran Foro Nacional Sindical fue que Colombia todavía enfrenta enormes retos de reconversión laboral, orientada a facilitar la transición de los trabajadores desplazados o en riesgo de desplazamiento de los sectores fósiles o intensivos hacia nuevos empleos mediante la formación, la recalificación y el apoyo a la reinserción laboral. En este contexto, los sindicatos, como actores claves de transición, reconocen su papel en la protección del empleo, el fortalecimiento del diálogo social y la promoción de mecanismos de formación y adaptación laboral orientados a reducir riesgos de precarización y desigualdades territoriales.
La transformación económica exigirá nuevas capacidades en restauración ecológica, turismo sostenible, infraestructura resiliente, eficiencia energética, energías renovables y bioeconomía.
En esta línea, el estudio de la Agence Française de Développement muestra que el acceso a nuevos empleos asociados a la transformación económica depende menos de títulos formales y más de la capacidad de desarrollar competencias alineadas con las necesidades de sectores emergentes.
El estudio identifica una creciente demanda por habilidades técnicas, científicas y digitales, especialmente en áreas STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas). Sin embargo, esto no implica que las oportunidades futuras se concentren únicamente en perfiles universitarios. Sectores con alto potencial de generación de empleo en Colombia (como la agroindustria sostenible, la restauración ecológica, el turismo de naturaleza, la infraestructura resiliente y nuevas cadenas de valor regionales) también requerirán perfiles técnicos, tecnológicos y operativos.
Más que ampliar años de educación, el reto será reducir el desajuste entre la oferta formativa actual y las capacidades que demandaran estos sectores mediante mecanismos de formación flexible, certificación de competencias, recalificación y aprendizaje continuo.
Ahora bien, el país ya cuenta con herramientas importantes. El Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA), la entidad de formación para el empleo del Estado colombiano asociado al Ministerio de Trabajo, ofrece por ejemplo mecanismos gratuitos de certificación de competencias laborales que reconocen habilidades adquiridas mediante experiencia laboral, incluso fuera de la educación formal.
Además, Colombia avanza en iniciativas impulsadas junto con la Organización Internacional del Trabajo (OIT) para fortalecer programas de empleos verdes, e incluso publicó la ruta de reconversión laboral.
Sin embargo, el desafío ahora será escalar estas iniciativas y llevarlas efectivamente a las regiones más vulnerables.
5. Garantizar empleos de calidad e inclusión de género para una transformación sostenible
La creación de nuevos empleos no será suficiente para garantizar una transformación económica exitosa. La evidencia internacional muestra que también importan la calidad del empleo, las condiciones laborales y la capacidad de ampliar oportunidades para grupos históricamente excluidos.
En Colombia, esta discusión también apareció de forma reiterada durante el Gran Foro Nacional Sindical sobre las Condiciones Laborales del Sector Minero-Energético, donde distintos actores señalaron que el éxito de estos cambios no puede medirse únicamente por reducción de emisiones o capacidad instalada de nuevas tecnologías.
Si los nuevos trabajos son temporales, precarios o no generan desarrollo regional, difícilmente podrá hablarse de una transformación económica sostenible. Sindicatos, trabajadores y organizaciones sociales insistieron en que las comunidades deben participar activamente en las decisiones sobre reconversión productiva, nuevas inversiones y futuro económico de sus territorios.
Esta preocupación coincide con análisis recientes de la Universidad de los Andes, que advierten que Colombia todavía enfrenta importantes problemas de coordinación institucional y preparación territorial frente a los impactos económicos y laborales de la transición. Investigadores de esta universidad señalan además que la transición debe ser un proceso coordinado, inclusivo y participativo y que requerirá transformar capacidades laborales y fortalecer nuevas oportunidades productivas en las regiones más expuestas.
Esta preocupación también tiene una dimensión de género. Tanto las discusiones del Foro como evidencia reciente muestran que, sin políticas activas, los cambios económicos pueden reproducir desigualdades existentes en acceso al empleo, especialmente en sectores emergentes.
Por ejemplo, el estudio de la Agence Française de Développement también muestra una brecha de género: las mujeres están subrepresentadas en disciplinas STEM, lo que reduce su acceso a empleos verdes. Esto puede ampliar desigualdades si no se actúa sobre el sistema educativo y laboral.
Por esto, el reto de la transición energética no debe entenderse exclusivamente en términos tecnológicos o financieros. Este reto también implicará repensar cómo se distribuyen las oportunidades económicas y cómo se fortalecen las capacidades territoriales. En otras palabras, Colombia deberá construir modelos de desarrollo más resilientes e inclusivos.
En esa línea, distintos análisis de la OCDE, CAF, la OIT y recientes aportes académicos de la Universidad Nacional de Colombia coinciden en que las transiciones sostenibles requerirán combinar competitividad e inversión con diálogo social y fortalecimiento institucional.
También demandarán reconversión laboral y reconocimiento de las múltiples capacidades productivas presentes en los territorios.
Si el país logra anticiparse y construir una estrategia económica de largo plazo, esta transformación podría convertirse no solo en una oportunidad para reducir emisiones, sino también para generar empleo digno, fortalecer las regiones y construir una economía más resiliente e inclusiva.