Infancias en riesgo: lo que la agenda climática mexicana todavía no integra
El cambio climático no afecta igual a todas las infancias. En México, 38 millones de niñas, niños y adolescentes enfrentan una exposición diferenciada que pocos marcos de política pública han sabido nombrar, y menos aún atender. Cuatro personas expertas examinan el problema y sus implicaciones.
México enfrenta una divergencia demográfica y de política pública que debe aún no se ha abordado en su totalidad. Es simultáneamente un país de infancias numerosas —38.2 millones de personas menores de 18 años, 30% de la población total—, un territorio altamente expuesto a múltiples riesgos climáticos, y una sociedad donde persisten desigualdades estructurales profundas. Cuando estos tres factores se superponen, los impactos se amplifican de maneras que los marcos sectoriales actuales no están equipados para ver ni para atender.
Para explorar esta intersección, convocamos a cuatro personas expertas que trabajan en la frontera entre cambio climático, infancia y política pública. Les formulamos una pregunta común: ¿cómo se ha abordado la relación entre cambio climático e infancias en México, y qué implicaciones tiene esto para la comprensión del problema y la toma de decisiones?
Sus respuestas convergen en un diagnóstico compartido —y en la urgencia de actuar.
Marcos normativos robustos, implementación fragmentada
Cecilia Berlanga Alessio Robles, Oficial de Cambio Climático, UNICEF México
"En México, la relación entre cambio climático e infancias se ha abordado de forma progresiva pero aún limitada y sin suficiente integración en los marcos normativos y de política pública. En el país predomina un enfoque que reconoce de manera general la vulnerabilidad de niñas, niños y adolescentes; sin embargo, aún no se consolida un tratamiento explícito, sistemático y prioritario en los instrumentos legales y programáticos. México ha generado marcos legales y políticas climáticas y de derechos de la niñez robustos, pero con poca articulación entre sí.
"En México, la relación entre cambio climático e infancias se ha abordado de forma progresiva pero aún limitada y sin suficiente integración en los marcos normativos y de política pública.- Cecilia Berlanga Alessio Robles, Oficial de Cambio Climático, UNICEF México
“Como consecuencia, en la toma de decisiones existe una brecha entre diagnóstico e implementación que limita la focalización de políticas, la asignación de recursos y la generación de estrategias específicas de adaptación y mitigación dirigidas a la infancia. Al mismo tiempo, no se ha logrado priorizar la necesidad de información desagregada, coordinación intersectorial y enfoques territoriales que permitan responder de manera oportuna a este problema”.
Dos derechos fundamentales que la agenda climática ha invisibilizado
Rosalva Landa, Consultora Internacional
"La relación entre el cambio climático y las infancias en México debe analizarse considerando múltiples factores. En términos generales, dicha relación se ha abordado considerando a niñas y niños como el grupo de población más vulnerable, que se verá impactado bajo condiciones de cambio climático. La comprensión del problema se ha centrado en la exposición a enfermedades propagadas por vectores, asociada a la ocurrencia de temperaturas extremas, y en los impactos sobre la vida cotidiana de miles de infantes que dejan de asistir a la escuela cuando algunos territorios son afectados por eventos hidrometeorológicos extremos.
“Para incidir en las condiciones de vulnerabilidad climática y ambiental de las infancias en México, aún es necesario dar el significado que merecen: primero, atender con responsabilidad el acceso universal al agua, al saneamiento y a la higiene; segundo, ajustar la prevención, atención y recuperación de desastres a las necesidades de la niñez”.
“Para incidir en las condiciones de vulnerabilidad climática y ambiental de las infancias en México, aún es necesario dar el significado que merecen (...).- Rosalva Landa, Consultora Internacional
El costo de la inacción y la urgencia de invertir en las infancias de hoy
Luis Miguel Galindo, Director de Clima, Economía, Finanzas y Energía, WRI México
"El cambio climático afecta de manera desproporcionada a los niños, niñas, adolescentes y jóvenes. Son más vulnerables física y fisiológicamente, y tienen menor capacidad para resistir condiciones climáticas extremas: inundaciones, sequías, tormentas, olas de calor. Esta vulnerabilidad diferenciada convierte al cambio climático en una crisis de derechos, no solo en un problema ambiental.
“El diagnóstico que integramos en WRI México muestra con claridad es que esta vulnerabilidad no se distribuye de manera uniforme en el territorio. Hay una geografía de convergencia crítica: los estados con mayor proporción de infancia en pobreza multidimensional son Chiapas, Guerrero y Oaxaca, que además son estados con mayor exposición a múltiples amenazas climáticas simultáneas. En Chiapas convergen huracanes, inundaciones y sequía. En Guerrero, huracanes, estrés hídrico y deslizamientos. En Oaxaca, riesgos diferenciados por costa, valle y zona montañosa. Las familias en estos territorios no enfrentan un riesgo a la vez: enfrentan pérdida de cosechas, desconexiones por inundaciones y migraciones forzadas por desastres, todo al mismo tiempo y sobre una base de pobreza ya severa.
“Hay además una contradicción diagnóstica que no podemos ignorar. Entre 2022 y 2024, la pobreza infantil por ingresos disminuyó en México —una mejora real. Pero en ese mismo periodo, las carencias en servicios críticos aumentaron. El número promedio de carencias por niña o niño aumentó. Esto significa que los avances económicos actuales no están garantizando acceso a derechos básicos, y que la capacidad adaptativa de millones de infancias frente a shocks climáticos se está erosionando, no fortaleciendo.
“Desde la perspectiva económica, la evidencia es contundente: actuar temprano es la opción más rentable. La inacción no tiene costo cero; tiene el costo más alto posible. Cada año de espera transfiere cargas crecientes hacia el futuro y compromete el capital humano de las generaciones que hoy son niñas y niños: menos salud, menos aprendizaje, menos oportunidades. Bajo escenarios de altas emisiones e inacción, esas pérdidas se materializarán primero en los territorios y las poblaciones que ya son más vulnerables hoy. Invertir en protección climática de las infancias no es solo un imperativo de derechos: es la decisión económicamente más inteligente que podemos tomar”.
“El diagnóstico que integramos en WRI México muestra con claridad es que esta vulnerabilidad no se distribuye de manera uniforme en el territorio. Hay una geografía de convergencia crítica: los estados con mayor proporción de infancia en pobreza multidimensional son Chiapas, Guerrero y Oaxaca".- Luis Miguel Galindo, Director de Clima, Economía, Finanzas y Energía, WRI México
La construcción colectiva de resiliencia: desde la evidencia hacia la acción territorial
Antonio Monroy, Director País, ChildFund México
"La evidencia es inequívoca: el cambio climático no es una amenaza futura para la infancia en México. Es una realidad presente que ya está erosionando sus derechos a la salud, la educación y el desarrollo. Pero aquí es donde la narrativa tiene que cambiar de tono. Desde nuestro trabajo en ChildFund, hemos aprendido que la evidencia no habla sola: necesita narrativa, contexto e intérpretes para quienes toman decisiones. Lo que funciona en práctica nos muestra el camino. La participación activa de niñas, niños y adolescentes en el diseño de soluciones no es solo un principio ético: produce soluciones más pertinentes y con mayor apropiación comunitaria, con resiliencia post-desastre documentada. Los enfoques basados en la naturaleza —restauración de cuencas, arborización escolar, huertos comunitarios— tienen doble beneficio: adaptación climática y bienestar infantil. La protección social adaptativa, donde las transferencias se activan automáticamente ante eventos climáticos extremos, es una de las herramientas más poderosas para proteger a la infancia en contextos de vulnerabilidad. Y un aprendizaje central: fortalecer los sistemas, no solo responder a crisis. Sistemas de salud, agua, educación y protección climáticamente resilientes protegen a la infancia de manera sostenida, no episódica.”
"Lo que hemos visto en territorio es que el puente entre evidencia y acción se construye con tres cosas: voluntad política, financiamiento etiquetado para infancia, y —sobre todo— datos desagregados que hagan visible lo que de otra manera es invisible en los promedios. La coordinación interinstitucional es un factor crítico y frecuentemente subestimado: clima, salud, educación, protección social y gestión de riesgos no pueden operar en silos si se quieren resultados reales para la infancia. Los sistemas de alerta temprana con enfoque de infancia —que consideran la ubicación de escuelas, rutas seguras y protocolos diferenciados— salvan vidas. Por eso, la alianza entre WRI México y ChildFund México no es una colaboración sectorial más. Es un reconocimiento de que fortalecer la resiliencia climática de la infancia no es un capítulo más en la agenda de desarrollo: es la agenda de desarrollo. Un México resiliente para sus niñas, niños y adolescentes es un México resiliente para todos".
"La evidencia es inequívoca: el cambio climático no es una amenaza futura para la infancia en México. Es una realidad presente que ya está erosionando sus derechos a la salud, la educación y el desarrollo".- Antonio Monroy, Director País, ChildFund México
Una agenda que no puede seguir esperando
Las cuatro perspectivas anteriores convergen en un punto de partida común: la relación entre cambio climático e infancias en México ha sido abordada de manera fragmentada, sin suficiente integración entre marcos normativos, evidencia territorial y capacidades institucionales para la implementación.
La urgencia opera en varios planos simultáneos. Desde la perspectiva de derechos, las desigualdades estructurales que ya enfrentan las infancias mexicanas —pobreza, falta de acceso a agua, servicios de salud insuficientes, educación limitada— se amplificarán bajo shocks climáticos sin una respuesta integrada. Desde la perspectiva económica, cada año de inacción transfiere costos crecientes hacia generaciones futuras y erosiona el capital humano de las infancias presentes. Desde la perspectiva territorial, hay geografías de convergencia crítica que la política pública aún no ha aprendido a ver como tales.
Cerrar estas brechas requiere al menos cuatro movimientos simultáneos: generar evidencia aplicada sobre cómo el cambio climático afecta a las infancias en distintos contextos; desarrollar herramientas concretas para que gobiernos locales integren el enfoque de infancia en la acción climática; incidir en política pública con argumentos técnicos que posicionen a las infancias como prioridad en decisiones sobre clima y recursos; y validar en territorio estrategias de resiliencia que protejan y fortalezcan a las infancias mexicanas. No como agenda futura: como deuda presente.