Infancias y cambio climático
Participantes del panel "Cambio climático e infancias en México", reunidos en la sede de WRI México tras la firma del memorando de entendimiento entre WRI México y ChildFund México. Ciudad de México, 2025. Fotografía: Erika Vilchis

Ciudad de México, 20 de mayo de 2026.- WRI México y ChildFund México formalizaron un memorando de entendimiento para trabajar de manera conjunta en la intersección entre cambio climático y derechos de la infancia en el país. La firma se realizó en el marco de un panel de diálogo que reunió a representantes de organismos internacionales, sociedad civil e instituciones gubernamentales para analizar la evidencia disponible, los retos de la coordinación institucional y los pasos necesarios para convertir el conocimiento acumulado en acciones concretas.

La alianza parte de una convicción compartida: el cambio climático no es únicamente un problema ambiental, sino una crisis de desarrollo y de derechos que afecta de manera desproporcionada a niñas, niños y adolescentes, quienes contribuyen menos a sus causas y enfrentan sus consecuencias con menos recursos para hacerles frente.

Un problema que ya está ocurriendo
La conversación dejó en claro que los impactos no son escenarios futuros. "Los impactos ya no son futuros, ya están sucediendo", señaló Eduardo Tapia, oficial de nuevos negocios y desarrollo institucional de UNICEF. "No se trata sólo de entender el problema, sino de cómo lo hacemos accionable, cómo lo financiamos y cómo lo hacemos sostenible en el tiempo”.

Los datos respaldan esa urgencia. Rosalva Landa, consultora internacional que colaboró en la elaboración de la Ley General de Cambio Climático y la primera Estrategia Nacional de Cambio Climático, compartió cifras del Índice de Riesgo Climático de la Infancia desarrollado por UNICEF: México es el tercer país de América Latina con mayor vulnerabilidad infantil frente al cambio climático; 12.5 millones de niñas y niños viven en territorios con alto riesgo de sequía; 11 millones están expuestos a inundaciones severas; y la infancia recibe un 88% más de carga por enfermedades exacerbadas por el calor. "Uno de cada tres infantes en México vive en zonas de mayor riesgo", precisó. "Y el fenómeno que más afecta a las viviendas con mayor vulnerabilidad no son las inundaciones, sino la sequía, con un 55.6% de viviendas afectadas”.

Tapia sumó otra dimensión al diagnóstico: los fenómenos climáticos reducen de manera significativa la asistencia escolar, sobre todo en los primeros años educativos. "Se reduce más de la mitad la plantilla de primaria con estos fenómenos. El impacto consecuente es brutal”. También advirtió que las infancias más afectadas son las que ya viven en pobreza multidimensional, especialmente en el sur y sureste del país. "El cambio climático no es un riesgo ambiental, es un multiplicador de desigualdades”.

"El cambio climático no es un riesgo ambiental, es un multiplicador de desigualdades”.- Eduardo Tapia, oficial de nuevos negocios y desarrollo institucional de UNICEF

Antonio Monroy Zermeño, director de país de ChildFund México, añadió evidencia clínica a la discusión: los niños se calientan más rápido que los adultos y tienen menor capacidad de disipar el calor, lo que los hace más vulnerables ante eventos de temperatura extrema. Recordó también que la inseguridad alimentaria e hídrica asociada al cambio climático afecta directamente el desarrollo cognitivo en la primera infancia, en ventanas críticas que no son fácilmente recuperables. "UNICEF y CEPAL calculan que alrededor de seis millones de niñas, niños y adolescentes caerán en pobreza para 2030 a causa del cambio climático. Y eso es un escenario conservador”.

"UNICEF y CEPAL calculan que alrededor de seis millones de niñas, niños y adolescentes caerán en pobreza para 2030 a causa del cambio climático. Y eso es un escenario conservador”.- Antonio Monroy Zermeño, director de país de ChildFund México

Un recorrido con avances y pendientes
México fue pionero en América Latina al promulgar la Ley General de Cambio Climático en 2012, pero el camino desde entonces ha sido gradual y con asignaturas pendientes. "El enfoque inicial estuvo centrado en el riesgo físico, en los daños a la infraestructura y en la respuesta ante desastres", recordó Monroy Zermeño. "Después comenzó a incorporarse el concepto de infancias y juventudes, pero mencionarlo no necesariamente soluciona lo que estamos buscando. Las métricas de impacto en la infancia aún no están incorporadas en los mecanismos de seguimiento”.

Landa señaló que el sector salud históricamente no se incorporó a la agenda climática con la profundidad necesaria, a pesar de ser uno de los sectores con mayor relación con el bienestar infantil. "El sector salud nunca se subió a la estrategia. Y si uno revisa los datos, los niños reciben el 88% más de carga por enfermedades exacerbadas por el clima. Ahí hay una deuda enorme”.

(...) si uno revisa los datos, los niños reciben el 88% más de carga por enfermedades exacerbadas por el clima. Ahí hay una deuda enorme”.- Rosalva Landa, consultora internacional

Saúl Pereyra, gerente de Acción Climática de WRI México, ubicó el problema en la lógica con la que se ha gestionado el tema: "Cuando hablamos de cambio climático siempre pensamos que la institución encargada es medio ambiente. Pocas veces vemos que es un tema que impacta explícitamente en el desarrollo, y que ese desarrollo no es el mismo entre las infancias, la población urbana y la población rural”. Agregó que la invisibilidad histórica de las infancias en los instrumentos de política climática está comenzando a corregirse, aunque lentamente. "El que la Estrategia Nacional de Cambio Climático tenga ya menciones específicas a infancias es un primer paso. Avanza con un pasito que es la visibilización. Pero hay mucho por hacer”.

"El que la Estrategia Nacional de Cambio Climático tenga ya menciones específicas a infancias es un primer paso. Avanza con un pasito que es la visibilización. Pero hay mucho por hacer”.- Saúl Pereyra, gerente de Acción Climática de WRI México

Desde el ámbito gubernamental, Aram Rodríguez del INECC detalló los instrumentos en marcha: la NDC 3.0 incorpora la equidad intergeneracional entre sus principios; el Plan Estratégico de Género, Derechos Humanos y Cambio Climático está próximo a publicarse; y el Programa Nacional de Protección Integral de Niñas, Niños y Adolescentes incluirá por primera vez el cruce entre cambio climático y reducción de riesgo de desastres. "Buscamos posicionar a las infancias no como actoras que reciben, sino como actoras que también ayudan a construir esta política”.

"Buscamos posicionar a las infancias no como actoras que reciben, sino como actoras que también ayudan a construir esta política”.-  Aram Rodríguez, INECC

El problema de los datos: entre la abundancia y la fragmentación
Uno de los ejes de la conversación fue la paradoja de contar con información valiosa pero incapaz de traducirse en decisiones precisas. "La evidencia ya está, no hay estadística, hay evidencia. Lo que falta es analizarla y desagregarla de manera correcta para poder hacer una planeación correcta", sintetizó Monroy Zermeño.

Pereyra profundizó en el problema: los datos existen en silos sectoriales, pero los cruces entre vulnerabilidad social, pobreza multidimensional y exposición climática en el territorio siguen siendo insuficientes o inaccesibles. "¿Sabemos con certeza si los estados con mayor tasa de pobreza multidimensional coinciden con los mapas de mayor exposición climática? Es algo que muchos de nosotros intuimos, pero actualmente esos datos no existen o tienen bastantes áreas de mejora”. Resaltó además la invisibilidad de la interseccionalidad: una niña indígena, pobre y expuesta a eventos climáticos extremos concentra múltiples vulnerabilidades que rara vez están documentadas de manera conjunta.

Landa señaló otro vacío crítico: la ausencia de datos sistematizados antes, durante y después de los desastres. "Cuando (el huracán) Otis tocó tierra en 2023 en Guerrero, la cifra que todos conocemos fue 296,000 niños afectados. Cuando John impactó en 2024, hubo un dato publicado de 730,000 niños en las zonas afectadas. Pero ¿qué pasó con los albergues? ¿Cómo funcionaron las rutas de evacuación? ¿Qué ocurrió con las niñas y adolescentes en términos de salud menstrual? Esa información no la tenemos sistematizada”. Advirtió también sobre un riesgo metodológico: "No todo lo que afecta a la infancia es atribuible únicamente al cambio climático. Si asumimos eso, podemos caer en la inacción institucional”.

Rodríguez informó que el INECC trabaja en una Plataforma Nacional de Riesgos Climáticos y Adaptación, enfocada inicialmente en sequías e inundaciones. "El reto es pasar de datos nacionales robustos a datos locales que permitan orientar intervenciones específicas. Necesitamos esas capas sociales que en muchos casos no existen o están incompletas”.

De la evidencia a la acción: financiamiento, territorialización y participación
El tercer bloque del diálogo se concentró en los aprendizajes para traducir el conocimiento en decisiones. Emergieron tres ideas con fuerza transversal.

La primera: sin narrativa, la evidencia no moviliza. "La evidencia no habla sola, necesita intérpretes", dijo Monroy Zermeño. "Y el primer punto fino es incorporar a niñas, niños y jóvenes en esa narrativa. No sólo porque es un proceso ético, sino porque ellos entienden sus contextos, los han vivido, los sufren”.

Tapia lo formuló desde la lógica del financiamiento: "Las empresas no invierten en problemas. Invierten en soluciones claras, medibles y con narrativa. Cuando logramos conectar la evidencia y traducirla en una oferta con valor agregado hacia los inversionistas, ese es el modelo que nos ha permitido lograr impacto”. Planteó tres prioridades: fortalecer servicios esenciales resilientes —escuelas, centros de salud, sistemas de agua—, etiquetar recursos específicos para adaptación climática con enfoque de niñez, y colocar a la infancia como criterio de decisión, no sólo como población vulnerable. "La resiliencia climática en México se va a medir en qué tan bien protegemos a nuestras infancias”.

La segunda idea: la territorialización es condición de posibilidad. "No se puede planear con promedios nacionales", insistió Landa. Pereyra sumó el argumento desde la eficiencia económica: "Si logramos tener información específica sobre cuánto cuesta la inacción, cuánto cuesta la remediación, entonces podemos llamar la atención del sector hacendario. Los números fríos nos dirán que me conviene la prevención sobre la remediación. Si no, seguimos ampliando un boquete en los presupuestos que nunca vamos a cerrar”.

La tercera idea fue la participación activa de las infancias. Rodríguez apuntó temas emergentes que deben incorporarse a la agenda: movilidad y desplazamiento climático, salud mental y ecoansiedad. "México es el país con el índice más alto de vulnerabilidad en salud mental percibida por sus propios adolescentes", añadió Tapia, citando un estudio reciente de UNICEF. "Todo esto repercute en la salud mental. Tenemos un llamado urgente a integrar estos componentes”.

Voces desde el auditorio
La conversación se enriqueció con intervenciones del público. Arcelia Flores, del Fondo de Población de las Naciones Unidas, señaló que los desastres climáticos agravan el embarazo en la adolescencia, la violencia sexual y la falta de acceso a salud menstrual, y que desplazar a las infancias a sus hogares durante las emergencias no siempre representa una solución segura. Compartió la existencia del estudio Milena, que calcula el costo del embarazo en la adolescencia, como modelo para construir argumentos económicos que movilicen voluntad política.

Allan Sánchez, asesor de la Secretaría del Medio Ambiente de la Ciudad de México, recordó que la agenda climática le debe parte de su posicionamiento a las propias infancias y juventudes, y propuso construir estos espacios en doble vía: no sólo consultar a niñas y niños, sino escucharlos desde su cotidianidad y rendir cuentas ante ellos. "Lo que les preocupa es algo muy concreto: cómo viven la crisis climática en su vida diaria”.

Alejandra Atzín, encargada de la Dirección General de Coordinación de Políticas y Cultura Ambiental de la SEDEMA, puso sobre la mesa la disposición institucional de la Ciudad de México para construir mecanismos de participación activa de infancias y juventudes en la política climática, más allá de los ejercicios puntuales. "Queremos pasar del eventismo a una línea política sostenida. Quien toma las decisiones climáticas es un puñado de hombres del norte global, y quienes más van a vivir los estragos son las infancias y las juventudes”.

Fernando Salas, de la Red por los Derechos de la Infancia en México, preguntó sobre las herramientas disponibles para que niñas, niños y adolescentes puedan informarse y participar directamente en la agenda climática. Ana María Martínez, gerente de investigación de WRI México, propuso desarrollar un marco de pilares clave sobre infancias y cambio climático, considerando también el espacio público, las condiciones de acceso a servicios y las dinámicas intrafamiliares.

La alianza y los siguientes pasos
Morgane Bellion, gerente de programas de ChildFund México, presentó los ejes de la colaboración con WRI México: generar evidencia local, análisis macroeconómicos, elaboración de recomendaciones de políticas públicas, sistematización de datos y pilotaje de soluciones escalables. "Esta alianza nació de la convicción de que el cambio climático ya es una crisis de la infancia. El objetivo es colocar los derechos de niñas y niños al centro de la agenda climática y abordarlo de manera integral”.

Monroy Zermeño cerró con una reflexión sobre el espíritu de la colaboración: "No hay organización, no hay gobierno que pueda atender estas problemáticas de manera aislada. Hay que empezar por algo, y hay que quitarle el adultocentrismo a todas nuestras iniciativas. Darles la voz y la iniciativa a niñas, niños y jóvenes para que puedan diseñar su futuro. Casi siempre es la manera más acertada”.

Pereyra, por su parte, enmarcó la alianza en la agenda más amplia de WRI México: "Transición justa se dice mucho como paraguas. Lo que queremos es dar un pasito adelante y ver cómo se padece el cambio climático con nombre y apellido, con caras, con población. Esta colaboración nos enorgullece enormemente porque apunta exactamente hacia allá”.

El panel fue moderado por Angélica Vesga, directora de Asuntos Públicos y Comunicación de WRI México. El evento incluyó también un mensaje en video de Keeva Duffy, asesora senior global para la sostenibilidad de ChildFund International, quien subrayó la responsabilidad intergeneracional que implica el vínculo entre cambio climático e infancias: "Las infancias contribuyen lo menos a la crisis, pero están entre los más afectados. Las decisiones que tomemos hoy darán forma a su seguridad, sus derechos y su futuro”.

 

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